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Por: Mónica Lozano

Colombia avanza hacia una cita decisiva con el planeta. En diciembre deberá entregar su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0) definitiva para el periodo 2025–2030.
El Gobierno ya presentó una primera versión: la NDC declarativa, un documento inicial que marca la orientación política y las intenciones generales del país, pero que aún requiere metas cuantificadas, mecanismos y medios de implementación.

Esta versión preliminar abre la puerta al debate: ¿está Colombia encaminándose hacia una NDC ambiciosa, coherente y a la altura de la crisis climática?

A: ¿Qué es la NDC y por qué importa?

La NDC es la hoja de ruta climática de Colombia. Define qué hará el país para reducir emisiones de gases de efecto invernadero y cómo se adaptará frente a los impactos del cambio climático. En otras palabras: es un contrato entre el Estado, la ciudadanía y el planeta para cumplir el Acuerdo de París y limitar el calentamiento global a 1.5°C.

La versión anterior incluyó compromisos como reducir las emisiones en un 51% a 2030, alcanzar la carbono neutralidad a 2050 y proteger ecosistemas estratégicos como páramos, Amazonía y manglares. Como explica Andrea Prieto, coordinadora de Justicia Ambiental y Climática de la Asociación Ambiente y Sociedad, “la NDC no es un trámite más: es un mensaje político, un instrumento de planificación climática y una herramienta clave para movilizar recursos económicos”. La nueva NDC declarativa reafirma esta visión, pero aún no concreta metas ni medidas específicas.

B: ¿Qué está en juego ahora que existe una NDC declarativa?

La NDC definitiva debe presentarse en diciembre. La versión declarativa es solo un primer paso: esboza principios, enfoques y aspiraciones, pero aún no incluye niveles de ambición, trayectorias sectoriales ni cifras detalladas.

No cumplir a tiempo o presentar una NDC incompleta podría afectar la credibilidad internacional del país y su capacidad para acceder a financiamiento climático. Como advierte Prieto, si Colombia no presenta una NDC robusta y a tiempo, no solo quedaría fuera del reporte global, sino que enviaría una señal política negativa a la comunidad internacional”.

En contraste, una NDC final ambiciosa, construida con rigor técnico y participación ciudadana, puede convertirse en una oportunidad para: atraer cooperación internacional, fortalecer la gobernanza climática, proteger ecosistemas estratégicos y generar confianza en la ciudadanía frente a impactos que ya se sienten: sequías, inundaciones, incendios forestales y pérdidas en la agricultura.

C: ¿Qué pide la sociedad civil frente a la versión declarativa?

Organizaciones como Ambiente y Sociedad reconocen que la NDC declarativa es un avance, pero insisten en que la NDC 3.0 debe ser un instrumento real de acción climática.
Sus principales exigencias para la versión definitiva son:

1. Cumplir los plazos: la entrega a tiempo es inaplazable. Tras la versión declarativa, el país debe avanzar con rapidez hacia la validación interinstitucional y sectorial.

2. Blindar la política climática: fortalecer la CICC y el SISCLIMA para evitar que los cambios de gobierno frenen avances y garantizar que la planificación climática sea de Estado, no de gobierno.

3. Metas de calidad: definir compromisos claros, medibles, actualizados y alineados con la justicia climática y los derechos humanos.
La versión declarativa menciona estos principios, pero aún carece de metas concretas.

4. Transparencia y participación: establecer mecanismos públicos de trazabilidad, retroalimentación y consulta real. Como recuerda Prieto: “la ausencia de mecanismos de trazabilidad limita la legitimidad del proceso y genera incertidumbre entre los actores sociales sobre el impacto de sus aportes”.

5. Comunicación y financiamiento: explicar qué significan las metas para la vida diaria y garantizar coherencia entre las aspiraciones climáticas y el presupuesto nacional. Además, conectar la NDC con fondos internacionales y garantizar que el financiamiento sea suficiente y transparente.

La sociedad civil insiste en que la NDC final debe fortalecer tanto mitigación como adaptación, e incluir justicia climática, género, enfoque territorial y participación comunitaria. “El riesgo de excluir iniciativas valiosas o debilitar la participación real es alto si el país prioriza cumplir tiempos sobre la calidad del proceso”, añade Prieto.

Más que un documento: una oportunidad histórica

La NDC 3.0 —y su versión declarativa ya en discusión— representan la oportunidad para que Colombia reafirme su compromiso con el Acuerdo de París, proteja ecosistemas estratégicos y garantice derechos fundamentales como el agua, el territorio y la alimentación.

En palabras de Prieto: “Colombia tiene ante sí una oportunidad histórica: si actúa con firmeza, rigor y participación, podrá entregar una NDC 3.0 ambiciosa, reafirmar su papel como líder regional y avanzar hacia una transición justa y basada en los derechos humanos”.