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  • Defensores ambientales: las luchas por el buen vivir deben persistir

    Defensores ambientales: las luchas por el buen vivir deben persistir

    *Luisa Sánchez Casallas – Investigadora del programa de Alternativas al Desarrollo de la Asociación Ambiente y Sociedad.

    Colombia, tierra de montañas, aves, manglares y páramos. El país de las mariposas, el agua y la selva en donde abunda la magia y la vida guarda también una historia de sangre y violencia que no ha sido ajena a quienes luchan por defenderlo. Nuevamente, el informe más reciente de la ONG Global Witness señala a Colombia como el país más peligroso para los líderes ambientales, lo que hace que el año 2022 sea otro período sombrío para la defensa de los derechos humanos y ambientales, que continúa hoy llevándose a cabo sin garantías suficientes.

    Según este informe, se registraron al menos 60 asesinatos de líderes y lideresas, casi el doble de lo reportado en el 2021. Esto eleva la cifra total a 382 personas asesinadas desde 2012, año en que comenzó el proceso de documentación por parte de la ONG. Con esto, Colombia lidera desde entonces, de manera muy lamentable, la lista de países con el mayor número de asesinatos de líderes ambientales. El panorama regional en América Latina no es mucho más alentador. Según el informe, desde el 2012, a 1.335 defensores y defensoras en toda la región les ha sido arrebatada su vida, lo que representa el 70% de todas las muertes documentadas.

    A pesar de este panorama, la impunidad ha prevalecido en la mayoría de casos, y muy pocas familias han obtenido justicia por estos asesinatos. Un análisis reciente de la red de sociedad civil colombiana Programa Somos Defensores, que documenta y reporta ataques contra defensores a nivel nacional, revela cómo el Estado colombiano ha fallado en proteger a los defensores al dejar prácticamente impunes la mayoría de los ataques, con solo un 5.2% de los asesinatos de defensores de derechos humanos, incluyendo a defensores de la tierra y ambiente, resueltos legalmente.

    Así mismo, las medidas de protección no siempre son oportunas ni adecuadas. En distintos escenarios, defensoras y defensores han manifestado que en muchas ocasiones se ha privilegiado la pertenencia a partidos políticos para la emisión de medidas duras. Los liderazgos comunitarios rara vez reciben atención prioritaria, y cuando se les proporcionan medidas, suelen ser esquemas o medidas suaves que no abordan el riesgo real ni se adaptan a sus necesidades y al contexto en el que trabajan. En varios casos esto ha tenido como consecuencia una mayor estigmatización e incluso a la ruptura del tejido organizativo y comunitario. Pese a ello, las causas ambientales siguen sumando, y los líderes y lideresas continúan al frente de múltiples procesos, llevando con orgullo el nombre de sus comunidades y organizaciones en distintos espacios de participación en los que reiteran la necesidad de que en Colombia alzar la voz por los derechos no sea un peligro.

    En este sentido, es importante destacar la necesidad de incrementar la implementación de medidas de protección colectivas para abordar los riesgos que enfrentan las comunidades y las organizaciones de base. Esto implica instar a una mejor coordinación entre las diversas autoridades con el fin de avanzar en la garantía de los derechos humanos de quienes defienden el ambiente.

    Custodios de la vida, custodios del ambiente

    Las luchas por la justicia ambiental tienen una larga historia y están respaldadas por numerosos precedentes. Un ejemplo destacado es la resistencia de los pueblos originarios, afrocolombianos y raizales quienes a lo largo de los siglos han sido custodios de tierras y territorios ricos en biodiversidad. Estos pueblos han mantenido una relación armoniosa y sostenible con la naturaleza, defendiendo su dignidad, a pesar de ser las principales víctimas de despojos, desplazamientos y afectaciones a su cultura, tierra y territorios a propósito de grandes intereses económicos y políticos. A través de la resistencia, estos pueblos, junto con comunidades campesinas y pobladores urbanos empobrecidos, han defendido su derecho a un ambiente sano y equilibrado, liderando movimientos en defensa de la tierra, el agua y la biodiversidad. Estas luchas nos enseñan la importancia de la interconexión entre la protección del ambiente y los derechos humanos, así como la necesidad de respetar y valorar los conocimientos tradicionales y las prácticas de manejo sostenible transmitidas de generación en generación.

    El informe en mención, destaca que más de un tercio (36%) de los defensores asesinados pertenecían a pueblos indígenas y un 7% eran afrodescendientes. Más de una quinta parte (22%) eran agricultores de pequeña escala. Todos ellos dependían de sus tierras y recursos naturales para subsistir. También se incluyeron funcionarios estatales, manifestantes, guardaparques, abogados y periodistas.

    Todos ellos fueron personas que llevaron consigo la historia de un pueblo, de un territorio, de un barrio, la historia de una lucha por el buen vivir. Todos ellos vecinos, amigos, familia, compañeros de alguién más que ahora clama justicia, verdad, y que en el fondo ruega que todo esto no haya sido en vano. Todos compartían el compromiso de defender sus derechos y mantener saludable nuestro planeta, la casa grande. Todos ellos pagaron con sus vidas por su valentía y dedicación a una causa común que aún tiene todo por ganar porque ya perdimos mucho y a muchos.

    La explotación de la Amazonía y los ataques contra sus protectores

    La Amazonía es una región que abarca territorios de distintos países como Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa (en un territorio de ultramar), Perú, Surinam y Venezuela, con una extensión de 7,4 millones de km² donde anida la mayor biodiversidad climática, de fauna y flora en el planeta y en la cual cohabita el 50% del total de las especies vivas existentes. Así mismo, tiene gran cantidad de reservas de recursos minerales, petroleros, agroindustriales y madereros que resultan seductores para una organización social y productiva que no reflexiona sobre la vorágine agresiva de explotación de la naturaleza y los bienes ambientales. El problema mayor radica en que reservas extensas no significa reservas infinitas y ese es un impacto que se empieza a evidenciar en el tiempo inmediato, tendrá un efecto mayor para las generaciones futuras.

    El informe en mención, documentó de manera particular los ataques contra defensores en la Amazonía, donde se encontró que ocurrieron más de una quinta parte de todos los asesinatos el año pasado, lo que equivale a 39 de 177  es decir el 22%. Al menos 11 personas pertenecientes a pueblos indígenas perdieron la vida al defender su hogar. Muchos de estos asesinatos están relacionados con actividades extractivas como la minería. Desde 2014, Global Witness ha registrado un total de 296 muertes en la Amazonía, convirtiéndola en uno de los lugares más peligrosos para ser un defensor. A pesar de desempeñar un papel crucial en la protección del bosque tropical y salvaguardar el 80% de su biodiversidad, paradójicamente, las comunidades indígenas que defienden la vida son constantemente atacadas.

    Aunque proteger a los defensores en lo profundo de la Amazonía sigue siendo un desafío a nivel institucional, es esencial seguir insistiendo en la consolidación de esfuerzos conjuntos por parte de los gobiernos de  los países que abarcan la Amazonia para el futuro de nuestro planeta. Si bien han habido avances en materia de protección de los defensores en América Latina a través del Acuerdo Regional de Escazú, la mayoría de los países dentro de la región amazónica aún no han ratificado este tratado, incluyendo a Colombia, en donde el tratado se encuentra en revisión por parte de la Corte Constitucional desde noviembre del 2022.

    El Acuerdo de Escazú no solo se destaca como el primer acuerdo en el mundo que incluye disposiciones específicas sobre defensores de derechos humanos ambientales, sino que también tiene como objetivo mejorar el acceso de los ciudadanos a la información ambiental y garantizar su participación en los procesos de toma de decisiones. Esta participación ha representado una de las barreras más significativas hasta la fecha, convirtiéndose en un factor determinante en la proliferación de los conflictos ambientales en los territorios.

    Los compromisos asumidos por el Estado colombiano deben respaldarse con acciones concretas por parte de las distintas entidades con competencias en garantizar los derechos humanos y ambientales. Las cifras de 2022 para Colombia son más que una advertencia de la urgencia de abordar esta cuestión, especialmente en un contexto de transición política en el que la agenda gubernamental incluyó expresamente la necesidad de proteger a los defensores y abordar las causas detrás de los ataques contra ellos. Es importante destacar que nunca antes un gobierno se había comprometido con la protección de los defensores ambientales, y ahora más que nunca, es fundamental que ese compromiso se vuelva acción. Solo así podremos hablar de Colombia como una verdadera potencia mundial de la vida, en esa vitalidad ambiental y humana que prolifera en estas tierras.

  • La autopista de los PDET ya tiene grietas

    La autopista de los PDET ya tiene grietas

    Wilmar Niño
    Karla Díaz

    El 36.3% de los proyectos PDET implementados en las subregiones Cuenca del Caguán y Piedemonte Caqueteño, y Putumayo están destinados al Pilar 2 “Infraestructura y Adecuación de Tierras”. En total 634 proyectos fueron la respuesta de la La Agencia Presidencial de Renovación del Territorio  (ART) a una serie de iniciativas de las comunidades, un número muy superior, por ejemplo, a los 49 proyectos del Pilar 3 “Salud Rural”; según los datos obtenidos a corte de enero de 2023 por la Asociación Ambiente y Sociedad.

    El Pilar 2 “Infraestructura y Adecuación de Tierras” tiene como objetivos primordiales brindar infraestructura física para el desarrollo de las zonas rurales, entendida como vías, conexiones de energía, e infraestructura productiva, de riego y drenaje. Desde esta perspectiva, el pilar es clave para el desarrollo de la región, especialmente de la productividad; sin embargo, pese al gran número de proyectos implementados, la situación no es tan alentadora.

    En la revisión detallada de iniciativas encontramos que la interpretación que hace la ART del Pilar 2 olvida los enfoques diferenciales, propios del Acuerdo Final de Paz y del PDET, así como el componente de adecuación de tierras. Esto se suma a lo ya denunciado antes por la Asociación Ambiente y Sociedad sobre las irregularidades en las cifras de implementación.

    En este caso, la respuesta de la ART se enfocó en impulsar las acciones para mejorar y fortalecer el sistema vial, brindando contratos a diestra y siniestra, olvidando la finalidad real del PDET: consolidar condiciones de transformación de los territorios más impactados por el conflicto armado. Las comunidades ya han advertido sobrecostos, desvío de recursos y pérdida del enfoque en la implementación de la RRI.  A pesar de eso, la ruta parece seguir por el mismo camino.

    Dejaron botadas las obras

    El proyecto No. 20201301011152 fue la respuesta de la ART a la iniciativa 1186571179514 donde se dispuso la construcción de 10 puentes vehiculares en inspecciones del municipio de Puerto Guzmán-Putumayo, a cargo del contratista VÍAS PUTUMAYO 2020. Uno de esos 10 puentes se tendría que haber ubicado en la vereda La Delicia, Inspección de José María, permitiendo el paso vehicular sobre la quebrada Caño Avena.

    Este proyecto tiene como origen recursos provenientes del Sistema General de Regalías y se enmarca en el Pilar 2 “infraestructura y adecuación de tierras”. Ahora bien, pese a que el dinero fue girado, la construcción del puente no avanzó. La comunidad de la vereda La Delicia denuncia que la obra ha sido abandonada, así lo manifiesta un líder de la vereda: “En la vereda La Delicia hace más de un año se inició la construcción del puente en la quebrada Caño Avena, donde se hicieron unas columnas e hicieron un puente alterno mientras se terminaba la obra. A la fecha de hoy ya no hay paso. (…) Y nos preocupa porque el otro puente ya se cayó, se pudrió, la gente ya no se puede movilizar y es una vía que conecta con todo el municipio”.

    Se les olvidó la inversión en adecuación de tierras

    Caquetá y Putumayo han sido dos departamentos que han padecido los rigores del invierno en Colombia. Es muy común escuchar y ver las noticias que hablan sobre las afectaciones a cultivos. En el 2022 las autoridades municipales de 9 de los 13 municipios del departamento del Putumayo manifestaron la calamidad pública en sus territorios por las emergencias generadas por las lluvias, además de los reportes entregados por los organismos de socorro, donde se evidenció que las inundaciones provocadas por las fuentes hídricas arrasaron con 3.000 hectáreas de cultivos de pancoger.

    Ahora, pese a que el PDET contempla tomar medidas al respecto, no ha habido inversión para la adecuación de tierras en los departamentos del Caquetá y el Putumayo. Así se pudo determinar a partir de la revisión de  la base de datos de la ART.

    Infraestructura que debilitan el tejido organizativo

    En el análisis realizado por la Coordinadora de Organizaciones Sociales, Ambientales y Campesinas del Caquetá (COORDOSAC) de la implementación de 6 obras del programa PDET-ART, se encontró que la implementación del PDET en estos territorios ha conllevado a un gran desgaste organizativo y en algunos casos, malversación de recursos por parte de los consorcios implementadores.

    Según COORDOSAC en la implementación de la estrategia PDET-ART se presentan grandes obstáculos para el acceso a la información por parte de las comunidades, existen cargas desbalanceadas cuando son las JAC quienes implementan las obras y los consorcios no implementan realmente el componente de fortalecimiento organizativo, ejemplo de esto es que las comunidades calificaron como 36,4% insuficiente y 18,2% deficiente el componente de fortalecimiento de capacidades, que era central en la implementación del programa.

    Así mismo, el estudio encontró casos en donde los consorcios implementadores, que funcionan como intermediarios del Fondo Colombia en Paz para habilitar la implementación de las obras, no pagaron a tiempo a las comunidades, en algunos casos pasaron más de 2 años para que se les cancelara la totalidad de la obra, debilitando las finanzas de las organizaciones.

    Proyectos que desconocen el componente del enfoque de género

    ¿Cómo incorporar los intereses de las mujeres en la implementación del Pilar 2 en los departamentos del Caquetá y el Putumayo? La ART dispuso la necesidad de llevar a cabo acciones que faciliten “el acceso a la infraestructura y a los medios productivos para el desarrollo de actividades sociales, económicas y culturales de las mujeres rurales”. No obstante, en los departamentos del Caquetá y el Putumayo se encontró que las cerca de 32 iniciativas que giraban en torno a la garantía de acceso a las mujeres a la infraestructura y adecuación de tierras, no obtuvieron una respuesta clara. En términos generales, en este pilar no se encontró ningún proyecto dedicado a la mujer rural en los departamentos del Caquetá, Algeciras – Huila y el Putumayo.

    Adicionalmente, pese a que muchas iniciativas plantean enfoques diferenciales, las obras no permiten medir el impacto en estos términos. Ejemplo de esto es la iniciativa 618205292911 en el municipio de Curillo que describe la necesidad de mejorar las vías terciarias rurales facilitando la transitabilidad de la comunidad campesina, PNIS, Víctimas del conflicto armado, mujeres y afrocolombianos con sus respectivos productos e insumos agropecuarios. La respuesta de la ART fue trazar un proyecto que mejore las vías terciarias en los municipios PDET, en el marco de la implementación del Acuerdo Final para la Paz a Nivel Nacional. La descripción de este proyecto no permite determinar en qué medida la vía ha repercutido en mayor flujo de productos e insumos de estas comunidades, pues no hay un indicador que permita medir el impacto diferencial.

    Proyectos que no responden a las iniciativas

    En los Planes de Acción para la Transformación Regional-PATR de la subregión Putumayo y la subregión Cuenca del Caguán y Piedemonte Caqueteño se propusieron iniciativas para construir o mejorar la conectividad aérea entre regiones. Así quedó determinado por las iniciativas 1186568253771 y 0618001337966 que buscaban respectivamente realizar estudios y diseños para viabilizar la construcción y/o implementación de un aeropuerto internacional en el departamento del Putumayo; además de realizar estudios, diseños y mejoramiento del aeródromo en Araracuara, ubicado en el departamento del Caquetá. La única respuesta en este sentido fue la construcción de cerramiento perimetral para el aeropuerto Caucayá en Puerto Leguízamo, una medida muy por debajo de las expectativas.

    Segundo, uno de los objetivos del PATR en el departamento del Putumayo era, originalmente, gestionar tecnología (conectividad) que permitiera integrar y comunicar las regiones, mejorando el acceso a los servicios. Esto pretendía alinearse con el objetivo general del Pilar 2 que buscaba “infraestructura física básica para aumentar la productividad (vías, conexión a energía y a internet)”, de tal forma que se impulsara la economía agrícola mejorando la transformación y comercialización.

    En la práctica esto no sucedió, pues los únicos proyectos de conectividad a internet del Pilar 2 se destinaron a obras en centros educativos que, si bien son importantes, se relacionan más con el pilar de educación que con el objetivo de mejorar las condiciones de productividad y comunicación.

    En conclusión, pese a que la mayor inversión se realizó en infraestructura vial, este no ha sido garantía de cumplimiento para las comunidades. Hechos similares han denunciado organizaciones sociales en Caquetá y Putumayo con proyectos de energía fotovoltaica con cuestionamientos y retrasos y casos de demoras en el pago a comunidades que han implementado obras.

    Pese a que la infraestructura vial, y quizás no tanto la adecuación de tierras, se convirtió en la punta de lanza del desarrollo, esto ha generado una preocupación sobre la idea de desarrollo local, pues las otras dimensiones que se ven representadas en los pilares han quedado supeditados al paradigma del enfoque infraestructural. Olvidando, como menciona Martha Nussbaum, que “la calidad de vida de las personas son plurales y cualitativamente distintos: la salud, la integridad física, la educación y otros aspectos de las vidas individuales no pueden ser reducidos a una métrica única sin distorsionarse”.

    Los datos recopilados permiten concluir que existe un gran margen entre los pilares. Esta desproporción deja prever que en la cima de importancia e inversión se encuentra la infraestructura (634 proyectos), educación rural y primera infancia rural ñ (408 proyectos), reactivación económica y producción agropecuaria (277 proyectos), vivienda rural, agua potable y saneamiento básico rural (225 proyectos), reconciliación, convivencia y construcción de paz (158 proyectos), ordenamiento social de la propiedad rural y uso del suelo (74 proyectos), sistema para la garantía progresiva del derecho a la alimentación (49 proyectos) y, por último, salud rural (49 proyectos).

    Así las cosas, la implementación del Pilar 2 deja entrever que el PDET no avanza como se esperaba y que, en algunos casos, su implementación ha sido motivado más por el interés de llenar de pavimento la paz… pavimento que ya muestra serias grietas.

     

    Bibliografía:

    Martha Nussbaum, Crear capacidades. Propuesta para el desarrollo humano. 2021.

  • Piquete de río en el Salto de Tequendama convoca a cuidadores del río Bogotá

    Piquete de río en el Salto de Tequendama convoca a cuidadores del río Bogotá

    *Laura Giraldo-Martínez; **Lisa Blackmore

    Inspirados por los esfuerzos de diversos colectivos que cuidan el río Bogotá, el pasado 26 de abril el colectivo curatorial entre—ríos convocó una juntanza en el Salto de Tequendama para compartir los alimentos que crecen en su cuenca.

    El Piquete de Río Bogotá reunió a 16 habitantes y guardianes de la cuenca. Desde Villapinzón, Suesca, Sesquilé, Bogotá, El Charquito y el Tequendama se sumaron representantes de cabildos Muysca, acciones de restauración ecológica y gestión comunitaria del agua, educación ambiental, turismo de naturaleza, huerteros y líderes de mercados campesinos.

    Fue un Piquete para soñar lo improbable: juntar cuidadores del río para comer frente a él en uno de sus puntos más contaminados, para conocer las rutas de los alimentos de su cuenca y las historias de las recetas que se han transmitido por generaciones.

    ¡Un Piquete para compartir el amor por la cuenca, y claro… para comerse el río!

    El Piquete de río, una juntanza alrededor de los alimentos de su cuenca

    Fotografía: Gabriela Molano

    Desde su nacimiento en el páramo de Guacheneque, en el municipio de Villapinzón al norte de Cundinamarca, pasando por el altiplano, la sabana de Bogotá, la capital y sus humedales urbanos y periurbanos, el río y sus aguas han sido un lugar de encuentro y reunión.

    Entre alimentos cultivados en su cuenca y las recetas y preparaciones tradicionales que se han heredado por generaciones en la región, el Piquete del Río Bogotá creó una oportunidad de intercambio de experiencias e identificación mutua por el cuidado y futuro del río.

    El menú, ideado por los artistas y cocineros Cristina Consuegra y Carlos Alfonso, fue elaborado a lo largo del río con aportes de ingredientes, recetas y platos creados por habitantes de la cuenca. Incluyó ingredientes orgánicos cultivados sin productos químicos.

    Entre hierbas aromáticas, hortalizas, frutales, amasijos, bebidas fermentadas tradicionales, tubérculos nativos, quesos frescos y madurados, dulces y salsas típicas, se propició una conversación entre los comensales. Intercambiaron experiencias sobre las condiciones del río que habitan hoy y cómo están trabajando para forjar un mejor futuro para este ecosistema ribereño.

    • Nueva plataforma digital

    El Piquete marcó el comienzo de un esfuerzo de entre—ríos para conectar acciones de protección del río Bogotá y generar redes de intercambio a lo largo de su cuenca. Todo con el fin de difundir una cultura de cuidado que aporte día a día a la rehabilitación del río.

    A propósito de este encuentro entre—ríos lanza la plataforma digital http://entre-rios.net/rio-bogota que tiene como objetivo congregar diversas acciones comunitarias de cuidado del río, así como contar historias que le dan vida a su cuenca.

    En la plataforma, se irán publicando en las próximas semanas videos y entrevistas creados durante el Piquete de Río Bogotá.

    Otros formatos y lenguajes, como pódcasts y publicaciones, luego se sumarán para seguir tejiendo una narrativa común del río que soñamos. Estos materiales serán cocreados con habitantes de algunos municipios desde Villapinzón hasta el Salto de Tequendama –la parte de la cuenca cubierta en esta fase del proyecto.

    Revivir el río Bogotá

    Fotografía: Gabriela Molano

    El río Bogotá es uno de los más contaminados de Colombia. De sus aproximadamente 380 kilómetros, apenas los primeros 11 se consideran con buenas condiciones de calidad de agua. Luego comienza a recibir pesticidas y fertilizantes de la agroindustria, derivados de la industria de la leche, desechos de curtiembres y canteras, así como descargas de carga de aguas negras de municipios de la sabana y de la capital colombiana.

    Durante décadas, se ha creado un imaginario colectivo del río como causa perdida, un río muerto, incapaz de sanar o de purificar sus aguas. La plataforma “Río Bogotá” de entre—ríos quiere aportar a transformar esa percepción al visibilizar y difundir diversas iniciativas comunitarias y familiares que trabajan para su protección, cuidado y rehabilitación. Busca inspirar lazos de afecto con las aguas para incentivar una cultura de río donde los habitantes se identifican con él.

    Colaboraciones entre academia, asociaciones y organizaciones sociales y colectivos de arte

    La plataforma “Río Bogotá” se desarrolla desde el colectivo entre—ríos, el cual es una confluencia de proyectos que exploran continuidades entre cuerpos de agua, cuerpos humanos y territorios, reconociendo a los ríos como sujetos activos que producen formas estéticas, transforman paisajes y modelan la memoria. Activo desde 2019, realiza proyectos curatoriales, educativos y editoriales en Colombia, Perú y México.

    En expediciones, talleres, exposiciones y publicaciones, en campo y en línea, entre—ríos atraviesa las fronteras disciplinarias y geográficas para poner en circulación diferentes materias, historias y experiencias con los cuerpos de agua, conectando artes y ciencias, comunidades e instituciones.

    Actualmente, la plataforma es financiada por la Universidad de Essex, Reino Unido, y se realiza en colaboración con el proyecto doctoral “River Commons” de la Universidad de Wageningen, Países Bajos, el cual se lleva a cabo en alianza con la Asociación Ambiente & Sociedad y la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.

    El equipo curatorial del Piquete de Río Bogotá es: Lisa Blackmore, Laura Giraldo-Martínez, Diego Piñeros García y Juliana Steiner.

    Autoría:

    *Laura Giraldo-Martínez. Investigadora PhD, proyecto River Commons, Universidad de Wageningen (Países Bajos), Universidad Nacional de Colombia y Asociación Ambiente & Sociedad; equipo curatorial Piquete de Río Bogotá.

    **Lisa Blackmore. Directora, entre—ríos; docente de la Universidad de Essex; equipo curatorial Piquete de Río Bogotá.

  • Las cuentas del PDET en Caquetá y Putumayo no cuadran

    Las cuentas del PDET en Caquetá y Putumayo no cuadran

    Wilmar Niño
    Karla Díaz Parra
    Ambiente y Sociedad

    En el análisis de los avances en la implementación del Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) en los departamentos de Caquetá y Putumayo, evidenciamos obras implementadas en departamentos distintos, pérdida del enfoque étnico, de género, comunitario y territorial, y valores distintos para los mismos proyectos; así como el cumplimiento parcial de las iniciativas con proyectos que abarcan sólo parte de lo que las comunidades propusieron. También encontramos casos en donde los mismos beneficiarios se repiten en más de cinco proyectos, los cuales no concuerdan con las iniciativas. Estos son algunos de los hallazgos que nos muestran que, quizás, el PDET no va como lo pintan.

    Las subregiones PDET Cuenca del Caguán y Piedemonte Caqueteño y PDET Putumayo tienen un aproximado a 6.550 iniciativas, 3.438 en Putumayo y 3.112 en Caquetá y Algeciras, Huila. De acuerdo con la base de datos de la Agencia de Renovación del Territorio (ART), se han cumplido con 4.964 iniciativas a enero del 2023, mientras 1.367 se encuentran en preparación. Según los datos de la ART, a enero del 2023 se habría implementado el 75.7% de estos PDET, una cifra ciertamente alentadora.

    Pese a este panorama, organizaciones sociales del Caquetá y Putumayo vienen señalando fallas en el funcionamiento del PDET. Para algunos, este instrumento se ha convertido en “nuestra desilusión”, así lo afirmó Farid Murcia, miembro del grupo motor del Municipio de Cartagena del Chairá, Caquetá, durante el conversatorio sobre posibilidades para la participación comunitaria en los PDET, desarrollado el 25 de abril del 2023.

    Una de las causas de la desilusión son por lo menos cinco incongruencias en el reporte de implementación. A continuación se presentan algunos ejemplos:

    1. Información errada:

    Durante el proceso participativo de formulación de las iniciativas en el PDET Putumayo, las comunidades plantearon la necesidad de resolver la titulación de baldíos en un radio de 2.500 mts alrededor de áreas de explotación de recursos no renovables en Villagarzón, Putumayo. Paradójicamente, esta iniciativa se da por cumplida con un proyecto financiado por una alianza público-privada sobre regularización de baldíos en el municipio de Cantagallo, Bolívar.

    Lo mismo sucede con cuatro obras que se realizaron en el municipio de Puerto Rico, Meta y que reportan en el cumplimiento del PDET de Cuenca Caguán y Piedemonte Caqueteña.

    1. Proyectos distintos para los mismos beneficiarios

    En el municipio de Puerto Asís existen siete proyectos que tienen diferente identificación, pero atienden a los mismo beneficiarios y objeto: dotar e instalar 207 sistemas fotovoltaicos en las comunidades indígenas Ksxa´w Nasa (40 familias); Kwe´sx Kiwe Ksxa´w (67 familias);  Yu´Luucx (64 familias); Kiwnas Cxhab (100 familias); Sa´t Tama (19 familias); Nasa Cxhab (31 familias); Nasa Fxiw (32 familias).

    Los proyectos 30970, 30971, 30972, 30973 y 30977 por un valor de $78.546.210 cada uno, buscan el objetivo arriba mencionado. Por su parte, el proyecto 20191301010137 financiado con recursos del Sistema General de Regalías, por un monto de $19.080.294.357, busca la instalación de sistemas fotovoltaicos en el departamento e incluye, entre otros, también a estos mismos beneficiarios. Como si fuera poco, el proyecto con identificación 33021 tiene el mismo objeto, por un valor de $48.336.109.

    Es decir, parece que para la instalación de 207 paneles solares se hubieran implementado siete proyectos diferentes, seis de ellos destinados exclusivamente a ello y un proyecto macro en donde se incluye esta iniciativa. No es claro en este caso, la destinación específica de cada proyecto.

    1. El mismo proyecto con valores distintos

    En el seguimiento realizado por la Asociación Ambiente y Sociedad (AAS) hemos encontrado proyectos que, entre una y otra base de datos, cambian de valor, por ejemplo con la base de datos de obras implementadas en marzo del 2022, el proyecto 30773, relacionado con el fortalecimiento comunitario para el mejoramiento de la vía que conduce a la vereda El Loro 1 en Valle del Guamuez; costó $218.662.699. Luego, el mismo proyecto en la base de datos remitida en enero del 2023, tuvo un costo de  $327.673.235.

    Caso similar es el de la iniciativa 18206 que tiene como objeto el “Fortalecimiento social y comunitario mediante la adecuación de una caseta comunal en la vereda la Cabaña del municipio de Puerto Asís Putumayo”, la cual, según base de datos del 2022, fue implementada por Fundación Panamericana Para el Desarrollo FUPAD por un valor de $31.599.784; mientras en la base de datos del 2023 aparece como ejecutada por la Unión Temporal Guanga por un valor de $55.382.071.

    Lo mismo sucede con varios proyectos que cambian de valor, a pesar que se reportan como obras implementadas en el 2022. En este caso, cabría la posibilidad de adiciones presupuestales a último momento o luego de la implementación, lo que genera dudas sobre los mecanismos de verificación y control.

    1. Proyectos que desconocen el componente territorial y participativo de las comunidades

    En el departamento del Caquetá se han encontrado proyectos que desconocen la complejidad de las iniciativas propuestas por las comunidades. Un ejemplo es la iniciativa 618610303970 del municipio de San José del Fragua, en este caso la descripción busca la implementación de tecnologías que permitan mejorar las líneas productivas del municipio como el sector frutero, cárnico, panelero, del caucho, los granos, entre otros. Sin embargo, la respuesta de la ART fue un proyecto para el mejoramiento de la competitividad de 1.400 productores de leche en el departamento del Caquetá.

    En este mismo sentido, identificamos cerca de 35 iniciativas que, en su transformación en proyectos, limitaron el enfoque étnico, de género y comunitario, pues, aunque tengan una relación mínima con la iniciativa, se asocia a su cumplimiento.

    En efecto, existe una inversión muy importante en proyectos que no responden a la complejidad de las descripciones de las iniciativas, evidenciando una respuesta no integral por parte de la ART. Aquí se evidencia que la ART no tiene mecanismos para una comprensión amplia de las iniciativas, ni herramientas que le permitan  medir el impacto sobre iniciativas que buscan mejorar la calidad de vida de las poblaciones, desde una perspectiva cualitativa.

    1. Proyectos que desconocen el enfoque étnico

    Ejemplo del desconocimiento del enfoque étnico es el proyecto 40683, que responde a la iniciativa 1186320215151 del municipio de Orito. En este caso, el proyecto busca fortalecer la línea productiva de caña de azúcar, sin que ello implique atender  los usos y costumbres de la comunidades indígenas Embera Chamí , Nasa, Awá, Pastos, Siona, Kofan, Pijao, Kamentsa, Yanaconas y las comunidades Afro, como lo propone la iniciativa. De esta forma, se borra de un tajo el enfoque étnico en la implementación.

    Lo mismo sucede con el caso del proyecto que busca fortalecer la competitividad de 1.400 productores que integran el sector lácteo, pues se asocia al cumplimiento de la iniciativa 618094296794 del municipio de Belén de los Andaquíes, en donde se busca fortalecer el valor nutricional de las familias de la comunidad del Resguardo Indígena La Cerinda.

    En este caso se evidencia la unión de dos falencias, un proyecto que no tiene relación con la iniciativa y el desconocimiento del enfoque étnico en la implementación.

    Así las cosas, las cuentas no cuadran…

    Estos posibles hallazgos plantean serias dudas sobre las cifras de implementación del PDET en los departamentos de Caquetá y Putumayo. De hecho, intentamos crear una herramienta de seguimiento a este instrumento, pero simplemente no fue posible. Las comunidades en la práctica se ven relegadas al rol de observadores o beneficiarios; en algunos casos, se quedan con sus denuncias de desviación de recursos e incumplimientos, sin que nada pase.

    Como antes lo ha señalado la Asociación Ambiente y Sociedad, la participación de las comunidades es limitada, pues no existen herramientas de verificación de cumplimiento de las iniciativas, las organizaciones por lo general no conocen los contratos o convenios, menos si estos son privados, de cooperación o de obras por impuestos.

    Así las cosas, la información disponible de proyectos y cumplimiento de iniciativas no permite hacer un balance real del avance en la implementación del PDET, lo que, sumado a las falencias en el reporte deja entrever que el PDET no va como lo pintan.

  • Colombia: pueblo Inga celebra la salida de petrolera de su territorio pero temen no ser consultados en futuros proyectos

    Colombia: pueblo Inga celebra la salida de petrolera de su territorio pero temen no ser consultados en futuros proyectos

    La petrolera Gran Tierra solicitó en 2012 una licencia para explorar el proyecto APE La Cabaña, ubicado en Villagarzón, Putumayo. Paralelamente, le solicitó también al Estado que evaluara la presencia de pueblos indígenas en la zona de influencia del proyecto y la conclusión de las autoridades, fue que estos no existían en el área. Con esta opinión técnica a favor, en el 2014, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) le dio luz verde al proyecto. Y fue así como la empresa avanzó sin problemas con sus operaciones por lo menos hasta el 2015.

    Pero fue precisamente ese año que la petrolera sufrió un revés. En el 2015, preocupados por la situación, los inga pusieron una demanda contra la Dirección Nacional de Consulta Previa del Ministerio del Interior, y el Tribunal Administrativo de Nariño les dio la razón. Básicamente le ordenó a dicha entidad visitar la zona del proyecto para reconsiderar si había o no presencia indígena en la zona. Mientras tanto, la licencia de exploración quedó sin efectos jurídicos y el proyecto no pudo avanzar más. Tres años más tarde, en 2018, la Dirección Nacional de Consulta Previa regresó al área y volvió a insistir en que no había comunidades indígenas en la zona. Los inga y su defensa se mostraron inconformes con el resultado, y solicitaron al tribunal que ordenara una nueva visita.

    El tribunal nuevamente ordenó en el 2021 a la Dirección Nacional de Consulta Previa visitar la zona, la cual finalmente reconoció la presencia de un resguardo indígena en el área del proyecto. Esta decisión sorprendió a la dirigencia inga, considerando que en su pelea legal habían exigido que se reconozca la presencia de las diez comunidades de Villagarzón, como se lo hicieron saber al equipo de Mongabay Latam y Cuestión Pública en 2022.

    ¿Cuál es el nuevo capítulo en este conflicto que empezó hace más diez años? La petrolera Gran Tierra anunció su salida del área del proyecto. Aunque los inga aseguran que recién se enteraron de esta noticia en enero a través de una comunicación enviada por la ANLA, hoy saben que esa decisión fue tomada por la empresa en mayo del 2022. Si bien podría ser el punto final de la batalla legal librada por las comunidades, los inga temen que el gobierno no respete su derecho a la consulta previa en futuros proyectos.

    Mongabay Latam habló con el líder de los Inga de Villagarzón y con una de las asesoras de su estrategia jurídica para conocer los pormenores de la salida de la petrolera canadiense, pero también para saber cuáles serán los próximos pasos de los Inga en su demanda por que se respete su territorio y para exigir que el proyecto haga un cierre adecuado de sus operaciones.

    indígenas inga petróleo
    Monitores indígenas resguardan el territorio inga. Foto: Sergio Silva – El Espectador.

    La salida de Gran Tierra

    Gran Tierra cotiza en la bolsa de valores de Nueva York y en la de Toronto. Mongabay Latam consultó los documentos públicos y los comunicados que dicha compañía ha emitido en dichos mercados bursátiles para disposición de sus accionistas y encontró que aproximadamente desde mayo de 2020 no hay mayor mención al bloque PUT-1, cuando antes eran recurrentes.

    Según una fuente judicial que conoce de cerca el caso, la ausencia de información sobre APE La Cabaña en las bolsas de valores puede estar relacionada al desgaste de la compañía frente al proyecto. A lo que hay que sumar que en el 2021, la empresa tuvo que iniciar un proceso de consulta previa cuando el Estado reconoció la presencia del resguardo indígena San Miguel de la Castellana en el área de la operación. La fuente judicial consultada explicó también que la consulta previa puede tomar normalmente tres años, pero como este proceso recién se inició en 2021 y sin incluir a todas las comunidades, el período de tiempo se puede extender hasta superar incluso los diez años, lo que puede hacer que la exploración no sea rentable.

    Lo cierto es que ese desgaste se hizo evidente cuando la ANLA les notificó en una comunicación a los Inga la decisión de la compañía de desmantelar el proyecto de APE La Cabaña, ubicado dentro dentro del bloque petrolero PUT-1 , según nos contó su abogada defensora. Esta información fue también confirmada por el líder inga, Carlos López, quien le dijo a Mongabay Latam que «la empresa Gran Tierra ha manifestado la decisión de retirarse y desmantelar el proyecto denominado APE La Cabaña que ha venido ejecutando en territorio ancestral del pueblo Inga en Villagarzón, sin el debido consentimiento».

    Gran Tierra aseguró a Mongabay Latam que su salida de APE La Cabaña se debe a que está priorizando otros proyectos dentro del bloque PUT-1. «La decisión de no seguir adelante con el proyecto APE La Cabaña en este momento se debe a una decisión corporativa de enfocar nuestro capital y esfuerzos en otras áreas dentro del bloque PUT 1 y otros bloques en nuestro portafolio», dijo la compañía. Sobre la ausencia reciente de información sobre ese bloque en sus documentos de las bolsas de valores, la petrolera agregó que cuando no informan sobre un tema es porque «esa información no incluye actualizaciones importantes que deben informarse».

    La preocupación de Laura Montaño, abogada asesora del equipo técnico de los inga y de los líderes de este pueblo, gira en torno ahora a que la empresa siga el protocolo respectivo, que requiere de una revisión estatal, antes de dejar la zona. «Ahora comienza el proceso de desmantelamiento. Falta que expliquen cómo va a ser el paso a paso de dicho proceso ante la ANLA. Gran Tierra debe presentar una propuesta y la ANLA debe revisarla antes de aprobarla», explica Montaño, quien es coordinadora del área de financiamiento, actores económicos y derechos socioambientales de la organización de la sociedad civil Ambiente y Sociedad.

    Es importante que los proyectos petroleros garanticen que dejarán un territorio en buenas condiciones antes de partir. Precisamente, en Colombia, se debate un proyecto de ley para regular los pasivos ambientales, es decir, los daños que dejan, por ejemplo, los proyectos extractivos al finalizar sus operaciones. En el país se calcula que hay más de 1843 pasivos ambientales, según un estudio contratado por el Ministerio de Ambiente en 2016.

    Las cifras de incidentes de hidrocarburos tales como derrames petroleros o fugas, relacionadas incluso con la propia Gran Tierra, parecen sugerir que ha dejado un rastro que tiene que ser tomado en cuenta. De acuerdo con las cifras de la ANLA y un análisis de datos realizado por Mongabay Latam, entre 2015 y junio de 2022 Gran Tierra estuvo relacionada con al menos 26 incidentes de hidrocarburos en todo Colombia.

    El pueblo Inga le dijo a Mongabay Latam que el proyecto de exploración que ocupa más de 629 hectáreas, sí ha afectado su territorio y que esperan que se subsane dicha situación antes de su partida. López aseguró, en entrevista con este medio, que «Gran Tierra construyó su plataforma sobre un humedal. En un cañanguchal, un sitio de importancia cultural, el cual guarda estrecha relación con la fuerza espiritual desde la medicina tradicional ambi waska. Allí también vive y se reproduce la fauna. Lo construyeron sin tener en cuenta que, según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), puede haber vestigios arqueológicos del pueblo Inga en dicha zona, los cuales en el recorrido lograron evidenciar y hacen parte de los informes del ministerio público».

    Además, añade López, quien también es presidente de la Asociación de Cabildos Indígenas de Villagarzón (ACIMVIP), que no puede pasarse por alto que se «generó contaminación en un afluente que nace de ese humedal y que provee al río San Vicente que es donde se abastece toda la comunidad del pueblo Inga. Muchas familias están asentadas a orillas del río San Vicente y lo utilizan para sus comidas o abastecerse de agua». Montaño agrega que también se debe considerar que «el pozo ha quedado abandonado. Hay mosquitos, puede ser riesgoso para los niños y los animales».

    Al respecto, la compañía canadiense dijo que no ha desarrollado actividades de exploración ni producción en el área y que cualquier daño ya ha sido remediado. «Cualquier afectación derivada de la plataforma de concreto construida en 2012 debió ser atendida al momento de la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental provisto por las autoridades ambientales en ese momento», aseguró Gran Tierra a Mongabay Latam.

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    La defensa del territorio Inga continúa

    Junto con la exigencia por la remediación de su territorio antes de que Gran Tierra salga de la zona, los Inga y su defensa tienen toda la atención puesta en que el Estado reconozca a las otras nueve comunidades de este pueblo presentes en Villagarzón. López le dijo a Mongabay Latam que tiene esperanzas en que el Gobierno de Gustavo Petro los reconozca finalmente.

    «Han desconocido la presencia del pueblo Inga. Solicitamos al gobierno nacional que nos reivindiquen los derechos que nos han sido vulnerados. La Dirección de Consulta Previa dice que solo existe una comunidad. Pero somos diez comunidades que hemos sido afectadas de manera espiritual, física, cultural y territorial», dice Carlos López.

    Hoy los Inga de Villagarzón suman 699 familias, alrededor de 2512 personas distribuidas en las diez comunidades, cifras que están actualizando, según le dijo López a este medio.

    «Seguimos dando la pelea. El problema que continúa es el manejo que se le ha dado al reconocimiento de los pueblos indígenas en este territorio por parte de la Dirección Nacional de Consulta Previa, que ha vulnerado derechos», dijo Montaño.

    Según la abogada de Ambiente y Sociedad, el problema es que la Dirección Nacional de Consulta Previa maneja un concepto limitado de afectación directa por parte de los proyectos extractivos. Es decir, solo considera que hay afectación a un resguardo indígena, pese a que el área de concesión de APE La Cabaña abarca los territorios de varias de las comunidades y estos deberían ser tomados en cuenta.

    En 2014, después de que la ANLA dio licencia para APE – La Cabaña, el pueblo inga fortaleció sus lazos internos para hacer frente a la actividad petrolera en su territorio. Foto: Imagen tomada del perfil en Facebook de la Asociación de Cabildos Indígenas de Villagarzón (ACIMVIP).

    Un ejemplo son los resguardos Blasiaku y Wasipungo, cuyos territorios son atravesados por el proyecto petrolero, como reveló Mongabay Latam.

    «En San Miguel de la Castellana les tocó reconocer que iba a haber afectación porque está a 40 metros del pozo y este atraviesa a la comunidad. En Wasipungo hay traslape y en general hay afectaciones en todas las comunidades Inga de Villagarzón. Pero la Dirección Nacional de Consulta Previa no está tomando un enfoque que garantice los derechos de manera amplia», dijo Montaño al respecto.

    También criticó la falta de voluntad de Gran Tierra para reconocer a los demás pueblos que la Dirección Nacional de Consulta Previa no identificó en la zona. «A Gran Tierra le faltó no limitarse a la decisión inicial de la Dirección Nacional de Consulta Previa de solo reconocer un resguardo. Pudieron haber hecho más para reconocer a las demás comunidades. Gran Tierra ha visto la presencia de las comunidades desde el comienzo en el territorio, inclusive cuando las resoluciones decían que no había presencia», señaló Montaño. Sobre este punto, la petrolera Gran Tierra dijo que valoran el recurso de la consulta previa y que el Ministerio del Interior es la «es la
    única autoridad responsable de certificar la presencia de comunidades étnicas y certificar cuándo es obligatoria la consulta previa para la ejecución de un proyecto».

    Tras años de lucha frente a la actividad petrolera, el pueblo inga de Villagarzón, Putumayo, no ha logrado que sus voces, que reclaman su derecho al Suma Kausai (buen vivir) en su territorio, sean escuchadas. Foto: Imagen tomada de la página web de la Asociación de Cabildos Indígenas de Villagarzón (ACIMVIP).

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    Más allá de la decisión de Gran Tierra de abandonar el proyecto, el pueblo inga considera que la extracción petrolera no es compatible con ese territorio que forma parte de la Amazonía colombiana. «El territorio es la madre. Defendemos un uso armónico del territorio. Cuando intervienen la tierra (con actividades petroleras), están atentando contra la dadora de vida. Por eso consideramos que este tipo de proyectos atentan contra la vida, el territorio y el pueblo Inga de Villagarzón. Este tipo de proyectos no se pueden aplicar en territorio amazónico», dice el líder Inga Carlos López.

    Los inga han ejercido su defensa en los estrados y también lo han expresado en las calles con varias protestas. «Somos optimistas del Estado del proceso que viene cursando de reivindicación del derecho de consulta previa. Esperamos que los postulados del nuevo gobierno se puedan materializar», dijo Carlos López.

    *Imagen principal: Plantón de resistencia frente al lugar de operaciones de Gran Tierra Energy en el marco de la jornada de paro nacional del 17 de junio de 2021. Crédito: Imagen suministrada por Joaquín Jansasoy, coordinador territorial inga.

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  • Un posconflicto marcado por la deforestación: el panorama de los bosques amenazados en Colombia

    Un posconflicto marcado por la deforestación: el panorama de los bosques amenazados en Colombia

    Primera publicación: Mongabay 

    • La deforestación en Colombia repuntó desde que se firmó el Acuerdo de Paz con las FARC. Aunque en los últimos años pareciera estabilizarse, las cifras actuales son muy superiores a las registradas entre el 2001 y el 2015.
    • El acaparamiento de tierras y la ganadería extensiva se han convertido en dos de las mayores amenazas para los bosques y suelen coexistir aprovechando la gran incertidumbre jurídica sobre la tierra que hay en la Amazonía, la región que en los últimos 21 años ha aportado el 58 % de la deforestación del país.

    “Después de la firma del Acuerdo de Paz se sintió un respiro en los territorios pero lastimosamente no duró mucho porque, posteriormente, actores armados volvieron a invadir. Son tantos grupos que finalmente uno no sabe quién es quién”, dice Luz Mery Panche, indígena nasa de San Vicente del Caguán, en el departamento de Caquetá. La dirigente reconoce que “ha habido militarización del territorio por parte del gobierno pero, finalmente, como siempre ha ocurrido, no ha servido para garantizar el control territorial”.

    El Acuerdo de Paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a finales de 2016, fue una esperanza para acabar con más de 50 años de conflicto interno, uno de los más largos del mundo.

    Sin embargo, casi seis años después de la firma en La Habana, el 24 de noviembre de 2016, continúa la guerra contra las disidencias de las FARC —integrantes de la guerrilla  que no se desmovilizaron ni se vincularon al acuerdo— y se ha dado una reconfiguración de actores armados ilegales, bandas criminales y narcotráfico, creando un nuevo escenario de conflicto en el país.

    Los bosques también se convirtieron en víctimas de lo que se ha conocido en Colombia como el posconflicto. Por ejemplo, en el 2017, el primer año de vigencia del Acuerdo de Paz, la deforestación en el país alcanzó las 219 552 hectáreas, cuando en el 2016, cuando aún el gobierno y las FARC estaban en negociaciones, la cifra fue de 177 765. Es decir, un aumento del 23 % que, además, marcó un hito pues 2017 sigue siendo el año con la pérdida de bosques más alta desde que Colombia empezó a medir el problema.

    Entre 2018 (197 159 hectáreas) y 2019 (158 894 hectáreas) se dieron reducciones en las cifras pero la tendencia volvió al alza en 2020 (171 685 hectáreas) y 2021 (174 102 hectáreas), lo que coincidió con el golpe que significó para toda la región la llegada de la pandemia.

    “Empezó a llegar mucha gente a talar. La deforestación aumentó de una manera impresionante, haciendo muy complicado, sobre todo para la población campesina, ejercer control territorial”, comenta Panche, quien también participa en los grupos técnicos que velan por la Implementación del Acuerdo de Paz por la Coordinación Étnica Nacional de Paz (CENPAZ).

    Hace tan solo cuatro meses, Carlos Eduardo Correa, hoy exministro de Ambiente, reveló las cifras de deforestación de Colombia durante el 2021. Y lo hizo después de que ambientalistas colombianos llevaran meses preguntándose por qué la tardanza en mostrar el panorama de los bosques en el país, y a muy pocos días del 7 de agosto, fecha en que el presidente Iván Duque dejaba la Casa de Nariño para darle paso a su sucesor, Gustavo Petro.

    En ese momento Correa reveló que, durante el 2021, se perdieron 174 103 hectáreas de bosque natural, lo que sería equivalente a casi el área de Bogotá. Muchos detalles sobre la pérdida de bosque en el país no fueron revelados y poco tiempo después de que asumiera como presidente Gustavo Petro, la ministra de Ambiente Susana Muhamad reveló el consolidado de la deforestación en Colombia entre 2001 y 2021. Según dijo, en ese periodo se deforestaron 3 182 876 hectáreas, de las cuales 1 858 285 (58 %) corresponden a la Amazonía del país, siendo la región más afectada y la que más aporta en la pérdida de bosques.

    Recientemente, el presidente Petro declaró en la COP 27 de Cambio Climático en Egipto que “antes que nada, hay que salvar la columna vertebral del clima del planeta. Colombia concederá 200 millones de dólares anuales durante 20 años para salvar la selva amazónica. Esperamos el apoyo del mundo». La tendencia de la deforestación en Colombia ha sido al alza y el anuncio del presidente aumenta las expectativas sobre las cifras del 2022 que se conocerán el próximo año.

    ¿Por qué repuntó la deforestación después de la firma del Acuerdo de Paz?

    Entender la dinámica de la deforestación en Colombia no es fácil. Edwin Novoa, investigador de la organización Ambiente y Sociedad, explica que en los momentos de conflicto armado, la deforestación siempre aumenta. “Si miramos los momentos donde el conflicto armado se escala y se desescala, esa curva es la misma curva de la deforestación. Sube el conflicto armado, sube la deforestación, baja el conflicto armado y baja la deforestación”.

    Novoa destaca que después de 2012, cuando se dio el cese al fuego con las FARC, la tendencia de la pérdida de bosques empezó a ir a la baja y volvió al alza cuando se firmó el Acuerdo de Paz y terminó el cese al fuego. “Nuevamente aumentó la violencia, las masacres, los desplazamientos forzados y la deforestación”, indica.

    Para el investigador, eso se da porque si los actores armados están en control del territorio, el Estado pierde soberanía y capacidad de actuar. “Además, en río revuelto se pesca más fácil. Si no hay normas sino que todos los grupos están confrontándose entre sí, se vuelve más difícil controlar la deforestación”.

    Otra de las razones más comentadas respecto al aumento de la pérdida de bosques después de la firma del Acuerdo de Paz tiene que ver con que la guerrilla tenía unas reglas muy estrictas en las zonas donde tenían control y, cuando ellos se van, queda un vacío que no es ocupado por el Estado. Para los investigadores consultados en este reportaje, no es casualidad que en el piedemonte amazónico de Guaviare, Meta y Caquetá, zonas históricamente controladas por las FARC, se hayan empezado a dar los mayores incrementos de deforestación.

    En 2001, cuando se negociaba el primer intento de paz con las FARC en el gobierno del presidente Andrés Pastrana, la bióloga y hoy profesora de la Universidad Stony Brook en Nueva York, Liliana Dávalos, publicó el artículo ¿Puede la paz ser peor que la guerra para los bosques de Colombia?  Allí planteaba que “el final del conflicto armado en sí mismo plantea enormes desafíos para la conservación a medida que las fronteras forestales se vuelven accesibles a los intereses económicos legales […] Si la guerra ha impedido que los conservacionistas gubernamentales y no gubernamentales alcancen sus objetivos, la paz abrirá la puerta a formas de explotación que hoy son imposibles”.

    Esa preocupación que Dávalos tenía hace más de 20 años se convirtió en realidad. En conversación con Mongabay Latam, la investigadora aseguró que cuando las FARC abandonaron los territorios que ocuparon por décadas, en esas zonas se evidenció que la deforestación pasó de una escala individual a una escala más grande, “una escala organizada”. Esto se vuelve mucho más complejo si se tienen en cuenta otras variables como la histórica falta de claridad en el uso y tenencia de la tierra en la Amazonía.

    De hecho, hace dos años el colombiano Paulo Murillo-Sandoval, junto con otros investigadores, publicaron el artículo El fin de la conservación a punta de pistola: perturbación de los bosques tras el acuerdo de paz en Colombia en el que analizaron el impacto a los bosques en la zona de transición entre los Andes y la Amazonía, y hallaron que durante el periodo posterior al Acuerdo de Paz (2017-2018), el área de perturbación de los bosques aumentó en un 50 % (alrededor de 238 000 hectáreas) en comparación con la etapa de negociación de paz de cuatro años (2013-2016).

    Este mismo documento menciona que la deforestación aumentó en un 187 % dentro de las áreas protegidas en la zona de transición andino amazónica como los parques Tinigua y Sierra de la Macarena. “Descubrimos que luego del Acuerdo de Paz y la retirada de las FARC, actores clave (cárteles de la droga, grandes terratenientes, campesinos y disidentes) con expectativas de políticas favorables de tenencia de la tierra irrumpieron en la región; esto condujo a aumentos en la ganadería a gran escala, la dispersión del cultivo de coca y los mercados especulativos ilegales de tierras, cada uno de los cuales contribuyeron a la perturbación forestal generalizada que mapeamos”.

    Estos factores, junto con otros más, fueron mencionados por la ministra de Ambiente Susana Muhamad cuando hizo el balance de la deforestación en el país entre 2001 y 2021. En ese momento aseguró que la praderización orientada al acaparamiento de tierras, las prácticas insostenibles de ganadería extensiva, los cultivos de uso ilícito, el desarrollo de infraestructura de transporte no planificada, la extracción ilícita de minerales, la tala ilegal de madera y la ampliación de la frontera agrícola en áreas no permitidas, son las principales causas de la deforestación en el país.

    Un acaparamiento de tierras aliado con la ganadería extensiva

    “Las zonas taladas se han convertido rápidamente en praderas donde luego se ha instalado la ganadería extensiva”, asegura la lideresa indígena Luz Mery Panche sobre la situación que se vive en el municipio de San Vicente del Caguán. La praderización para el acaparamiento de tierras ha sido identificada como la variable que más aporta a la deforestación en Colombia y así lo han venido revelando el IDEAM y el Ministerio de Ambiente desde 2017, el año más crítico para la pérdida de bosques en el país.

    “Mientras no haya asignación de baldíos masiva y rápida, como lo declara el fallo de la Corte Constitucional [que busca que el Estado recupere baldíos de grandes acaparadores de tierras que obtuvieron los predios por decisiones de jueces], para generar derechos sobre las poblaciones campesinas, que son las más afectadas por esta indefinición jurídica, el mercado de tierras informal e ilegal va a seguir presionando para el tema de la deforestación porque es un gran negocio”, dice Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), quien no cesa en insistir en que el acaparamiento de tierras es un fenómeno que necesita ser atendido.

    A pesar de la urgencia por atacar el acaparamiento, hay un gran obstáculo que impide enfrentarlo: la ausencia de información. Edwin Novoa de Ambiente y Sociedad comenta que no se tienen cifras que permitan determinar cuál es el número de predios y de hectáreas que han sido acaparadas. “Desde el punto de vista jurídico no tenemos cómo probarlo y enfrentarlo porque la mayoría de esas tierras son baldías y Colombia en su historia nunca ha tenido un inventario de tierras baldías. No se sabe a ciencia cierta cuántas y cuáles son. No hay información catastral ni registral”, asegura con preocupación.

    Novoa dice que se ha propuesto hacer un registro nacional de tierras deforestadas, lo cual sería una oportunidad para llevar un conteo de los territorios que han ido perdiendo bosque pero, aún así, quedaría el gran vacío de qué fue lo que se perdió, es decir, qué tipo de cobertura forestal había antes.

    Desde hace varios años Colombia tiene puestas sus esperanzas en el llamado catastro multipropósito, que busca convertirse en un insumo fundamental para la formulación e implementación de políticas públicas que contribuyan al ordenamiento territorial y a fortalecer la seguridad jurídica.

    Sin embargo, a los expertos consultados en este reportaje les preocupa que no se sabe cuáles son las variables ambientales que se están considerando. Además, hacer el catastro es demasiado costoso por lo que el esquema de financiación ha sido el de una especie de bolsa donde los municipios, la cooperación internacional y el gobierno nacional aportan recursos. “¿Qué municipios están interesados en hacer eso? A los que les interesa recaudar plata en impuesto predial con el catastro. Sin embargo, en los municipios de alta deforestación como La Macarena, Meta, donde hay gran parte del territorio dentro de áreas protegidas, pues no es de interés porque un parque nacional no paga impuestos. Por ahora no hay buenas expectativas sobre el catastro multipropósito como una forma de atacar la deforestación”, comenta Novoa.

    El acaparamiento de tierras viene muy ligado a otro de los grandes causantes de la deforestación: la ganadería extensiva. “Tenemos unas huellas ambientales gigantes que son los pastizales y estos pastizales existen no porque haya un fuerte mercado ganadero sino porque están asociados con la apropiación de tierras. No es que haya una demanda irresistible de vacas en pie, carne o lácteos, sino que con las vacas vienen derechos y tradiciones que tienen que ver con la tierra”, comenta la investigadora Liliana Dávalos.

    En un informe de la FCDS se indica que entre 2016 y 2022 la ganadería persiste como una de las principales causas de la deforestación en los municipios del arco noroccidental de la Amazonía —San Vicente del Caguán, La Macarena, Cartagena del Chairá, San José del Guaviare, Mapiripán, El Retorno, Calamar y Solano—. Se ha registrado “un aumento en el censo bovino del 48 % desde el año 2016. Adicionalmente, en la región amazónica han ingresado más de 1.100.000 cabezas de ganado en los municipios principales”, se lee en el documento.

    Los impactos de la coca y las vías ilegales

    Desde el 2021, parte de la comunidad indígena del resguardo Yaguará II, en el departamento de Caquetá, tuvo que desplazarse debido a las amenazas de grupos armados ilegales que buscan conectar el parque nacional Sierra de la Macarena con los Llanos del Yarí, donde se ubica el resguardo.  La conexión a través de diferentes vías ilegales permitiría el acaparamiento de tierras por medio de la llegada de nuevos colonos de otras partes del país y la explotación agrícola y ganadera en terrenos que hoy son selva.

    Los cultivos de uso ilícito y el desarrollo de infraestructura de transporte no planificada son otras de las principales causas de la deforestación en Colombia.

    De acuerdo con Luz Mery Panche, lideresa indígena nasa, muchas de estas actividades se están dando en territorios sobre los cuales algunos cabildos indígenas amazónicos pretenden que el Estado amplíe sus resguardos y sobre tierras de tradición campesina que han sido solicitadas por comunidades como Zonas de Reserva Campesina pero que “aún se encuentran en trámite pues han sido procesos lentos y llenos de burocracia”, comenta Panche.

    Entre todos los cultivos de uso ilícito, el que concentra la mayor cantidad de hectáreas es la coca y el país ha centrado esfuerzos en su erradicación desde hace décadas. Sin embargo, el último informe de la Oficina de las Naciones unidas contra la Droga y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés) reveló recientemente que Colombia pasó de 143 000 hectáreas en 2020 a 204 000 en 2021, la cifra más alta desde 2001, año en el que UNODC comenzó a documentar el tema.

    Durante varios años Liliana Dávalos ha dedicado parte de sus estudios a analizar el impacto de la expansión de los cultivos de coca en Colombia y destaca que si bien los cultivos de uso ilícito se relacionan con la deforestación hay que preguntarse si la coca es la causa última de esa pérdida de bosques o si, en caso de que no estuviera presente, la deforestación aún persistiría.

    Para la profesora de la universidad Stony Brook, en la Amazonía se han hecho varios estudios —aunque no son de los últimos cinco años— donde se ha demostrado cuantitativamente que la coca en la zona amazónica va de “pasajera” en las zonas de deforestación, es decir, no es la principal causante de la pérdida de bosques.

    “Centrarnos solamente en la coca como la causa de la deforestación no resuelve todos los problemas cuando hay un tema más de fondo que tiene que ver con el acceso a la tierra, el control de la tierra y sus maneras formales e informales de tenencia”, destaca Dávalos.

    Las vías se han convertido en otro problema para los bosques en Colombia, sobre todo en la Amazonía y también se relaciona con otros causantes de deforestación como la ganadería y la coca. “Cuando se mejora una carretera, de ahí se expande la deforestación. Eso se aprecia en la huella espacial, es algo innegable y se suma al problema de que, en zonas como la Amazonía, no hay nadie que responda porque no se sabe quién es dueño de qué ni cuáles responsabilidades tiene”, comenta Liliana Dávalos.

    El estudio Una mejor red vial amazónica para las personas y el medio ambiente encontró que en el caso de Colombia, 10 carreteras amazónicas que se proponen en el país generarían impactos ambientales negativos y, según datos del estudio, de ser construidas ocasionarían aproximadamente 344 mil hectáreas de deforestación.

    El otro problema no solo son las vías que se plantean como legales sino que, desde la firma del Acuerdo de Paz, se han disparado las ilegales en territorios que antes eran dominados por la FARC. Por ejemplo, solo entre enero y la primera semana de octubre de 2022 se registraron 145 116 alertas de deforestación de la plataforma Global Forest Watch para la vía ilegal Calamar-Miraflores en el departamento de Guaviare. Además que se han abierto vías anexas a esta carretera, como la que lleva al resguardo indígena La Yuquera.

    Rodrigo Botero, director de la FCDS, comenta que en los últimos cuatro años, más de 59 kilómetros han sido abiertos para ampliar esta vía. “Los predios deforestados más grandes se encuentran en esa zona y es un modelo que se está consolidando en la región amazónica: grandes predios, accesos viales y entrada ganadera. Mientras no haya una decisión del Estado de declarar el cierre de la frontera agropecuaria desde el municipio de Calamar, y de hacer obligatorio y vinculante opciones alternativas de transporte como el fluvial, estamos perdidos”.

    El exministro de Ambiente Manuel Rodríguez resalta que Colombia debe dedicarse decididamente a combatir la deforestación, “porque un bosque amazónico o de buena salud que se pierde, es irreversible. Se puede hacer seguramente alguna restauración, pero el bosque que va a restaurarse no va a ser equivalente al que existía”.

    Áreas protegidas bajo ataque

     

    Las áreas protegidas donde las FARC ejercían control territorial están entre las más afectadas por la deforestación. En 2017, el IDEAM reportó los seis parques nacionales más impactados por la pérdida de bosque. Cinco de ellos eran amazónicos y donde esta guerrilla tenía influencia: Sierra de la Macarena, Tinigua, Cordillera de los Picachos, La Paya y Nukak. Luego de que se ampliara el parque Serranía de Chiribiquete en 2018, también empezó a registrar deforestación en su interior.

    La situación más crítica la vive actualmente el Parque Tinigua que presenta nuevos lotes de deforestación en los márgenes de los ríos debido a la apropiación ilegal de tierras y actividades de ganadería extensiva. El 2021 se convirtió en el quinto año consecutivo en que este parque encabeza la lista de áreas protegidas afectadas por la pérdida de bosques en Colombia.

    De acuerdo con información proporcionada por Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNN) a Mongabay Latam, una de las principales presiones que tiene Tinigua es la ganadería. En esta área protegida que tiene un área de 214 362 hectáreas hay cerca de 18 343 hectáreas impactadas por más de 100 000 cabezas de ganado.

    La autoridad confirmó que la deforestación, en total, ha impactado 62 740 hectáreas, lo cual equivale  al 29.3 % del área protegida. Es por eso que muchos expertos aseguran que si la tendencia de pérdida de bosques continúa, Tinigua perderá su valor ecológico como parque nacional.

    La ganadería se convirtió en una de las presiones más fuertes para las áreas protegidas amazónicas que han sido víctimas de apropiación y acaparamiento de tierras. Una investigación del medio digital colombiano 360-grados consiguió y analizó las bases de datos de vacunación contra la fiebre aftosa del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) que muestra que el mayor incremento en el número de vacas vacunadas se ha dado en los alrededores de cuatro parques: La Macarena, con 43 553 vacas más vacunadas en 2020 en comparación con 2016; Cordillera Los Picachos, con 23 194; Tinigua, con 22 068; y Chiribiquete con 15 345.

    Además, la coca empezó a preocupar nuevamente en las áreas protegidas porque, aunque no es la principal causa de deforestación, tuvo un crecimiento importante durante 2021. UNODC reportó 8749 hectáreas sembradas con coca en parques nacionales, lo que representa el 4 % de todos los plantíos de coca en Colombia. En estas áreas naturales protegidas se registró un aumento del 21 % de la superficie sembrada con coca en comparación con el año 2020, cuando se reportaron 7214 hectáreas.

    Información de la FCDS indica que entre 2018 y 2022 en la Amazonía, después de Tinigua, los parques amazónicos más afectados son Sierra de la Macarena y Serranía de Chiribiquete.

    “La deforestación es un proceso geográfico. Entre más va avanzando la frontera de pastizales y apropiación de tierras, más se van acercando a zonas protegidas como Tinigua y Chiribiquete. Las mejoras viales también transforman y dinamizan y lo que estaba protegido porque estaba lejos pues ya no está tan lejos”, comenta Liliana Dávalos y agrega que “se necesita gente que le ponga el pecho a la deforestación pero hay que reducir la violencia para que eso no signifique asesinatos. La gente es la que defiende los bosques y aún seguimos con la visión de que los bosques se defienden solos”, asegura.

    Edwin Mauricio Capaz, consejero mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), comenta que después de la firma del Acuerdo de Paz han visto como la deforestación viene ganando espacio en el departamento del Cauca, uno de los más afectados por la violencia en Colombia. Según dice, el fenómeno ha estado asociado al avance de cultivos agroforestales como el pino así como por la minería ilegal y los cultivos de coca. Por otra parte, defender sus territorios les ha traído problemas. Por ejemplo, Capaz asegura que “luego del Acuerdo de Paz, a partir del 2017, cada año han asesinado al menos a una de nuestras autoridades indígenas en ejercicio. Si la autoridad indígena no está a favor de lo que pretenden los grupos [ilegales], entonces la eliminan”.

    Operación Artemisa y una nueva ley de delitos ambientales

    El gobierno del entonces presidente Iván Duque, asumió la Operación Artemisa, con un enfoque militar, como bandera para frenar la deforestación principalmente en la Amazonía.

    Sin embargo, Artemisa recibió múltiples críticas desde que inició a mediados del 2019. Manuel Rodríguez, exministro de Ambiente, cuestiona su efectividad para contener la deforestación en la Amazonía. “Decir que se tuvo mucho éxito cuando lo que se hizo fue estacionar la deforestación entre 170 000 y 180 000 hectáreas anuales, es un fracaso rotundo. Con ese desempeño es imposible llegar a la meta de cero deforestación en el año 2030”, comenta. A esa crítica se suma el hecho de que muchas capturas han sido de los campesinos contratados para talar pero no de los grandes financiadores de la deforestación.

    Carlos Garay, secretario técnico de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas y dirigente de la Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (OPIAC), asegura que “por la operación Artemisa está capturado un gobernador indígena. Está en la cárcel todavía. El presidente Duque lo señaló de ser el más grande deforestador en San Vicente del Caguán. Es un montaje”, indica Garay.

    En materia ambiental, el gobierno de Gustavo Petro decidió ponerle fin a Artemisa y viró la estrategia a entablar diálogos con los campesinos y lograr acuerdos con ellos. El Ministerio de Ambiente le dijo a Mongabay Latam que en el arco noroccidental de la Amazonía colombiana han desarrollado diálogos con líderes sociales campesinos de 17 núcleos de deforestación con quienes se avanza en la construcción de un acuerdo social para contener este fenómeno.

    Otro de los intentos por atacar el problema de la acelerada pérdida de bosques en el país fue la creación, en el 2021, de la nueva ley de delitos ambientales en Colombia donde, además de incluir a la deforestación, se crearon otros cinco nuevos delitos ambientales: promoción y financiación de la deforestación, tráfico de fauna, apropiación ilegal de los baldíos de la nación, financiación de la apropiación ilegal de los baldíos de la nación y el financiamiento de la invasión de áreas de especial importancia ecológica.

    Sin embargo, las buenas intenciones de esta ley también enfrentan obstáculos. “El primero es que la Fiscalía no tenía mucha capacidad para investigar estos delitos. USAID [la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional] le hizo un aporte para crear una unidad especializada, pero montar una unidad toma muchísimo tiempo mientras se plantea la resolución, cómo va a ser el equipo, se contrata la gente, se capacita, etc. Solo el montaje institucional podría tomar hasta dos años”, comenta Edwin Novoa, investigador de Ambiente y Sociedad.

    El reto actual para el gobierno colombiano es que el fortalecimiento de las leyes para combatir la deforestación se materialice en la captura de los verdaderos responsables y financiadores de este delito, mientras que se plantean diálogos y acuerdos con los campesinos en las zonas más deforestadas.

    El Ministerio de Ambiente aseguró que la nueva estrategia que reemplaza a Artemisa considera cinco puntos clave. El principal se centra en los acuerdos sociales con comunidades locales para hacer frente a la deforestación. Los otros puntos son la construcción de la paz total en los territorios, la investigación criminal a los determinadores de la deforestación, la contención con la fuerza pública en grandes bloques vinculados al acaparamiento de tierras y economías ilícitas, y el fortalecimiento de las autoridades ambientales y locales. El Ministerio afirmó que ya activó una flota aérea, llamada Guacamayas, para la protección de la selva y cuyo objetivo será trabajar de la mano de las comunidades; esta decisión  se convierte en el cambio más radical de Artemisa.

    *Nota del editor: Esta cobertura periodística forma parte del proyecto «Derechos de la Amazonía en la mira: protección de los pueblos y los bosques», una serie de artículos de investigación sobre la situación de la deforestación y de los delitos ambientales en Colombia financiada por la Iniciativa Internacional de Clima y Bosque de Noruega. Las decisiones editoriales se toman de manera independiente y no sobre la base del apoyo de los donantes.

  • Las sombras del contrato OCAD-Paz del Doncello, Caquetá

    Las sombras del contrato OCAD-Paz del Doncello, Caquetá

    Nueva columna de opinión vía Blogs El Espectador 

    Por: Asociación Ambiente y Sociedad

    El 23 de agosto publicamos un artículo sobre el proyecto de cooperación técnica del Fondo de Colombia Sostenible  y recursos de regalías que financiarían la implementación de la Zonificación Ambiental Participativa (ZAP) en el municipio de Puerto Rico, Caquetá. Aunque aún las entidades no definen que harán con este doble presupuesto, el contrato avanza y se generan nuevas dudas sobre el uso de los recursos.

    La firma INGECAG S.A.S. es la entidad encarga de actualizar los planes de ordenamiento territorial, de diseñar los Estudios Básicos de Amenaza y Riesgo e implementar la ZAP en San Vicente del Caguán, Puerto Rico y Doncello por un valor de COP $7.296´890.509. En el artículo anterior mencionamos que surgen dudas sobre algunos montos del contrato, como pago de arriendos por 8 millones de pesos, en municipios donde los arriendos rondan alrededor de 500.000 pesos.

    Ante estas dudas, la Mesa de Diálogo de Caquetá y Sur del Meta elevó derechos de petición, el primero el 26 de julio y el segundo el 10 de octubre. La Alcaldía de Doncello y la firma INGECAG se negaron a responder el primer derecho de petición y fue solo a través de tutela que las comunidades obtuvieron respuesta.

    En el análisis de la primera respuesta al derecho de petición, surgen dudas sobre la suscripción de un contrato para la prestación de servicio de transporte a todo costo, por un valor de $255.764.983, correspondientes al pago de 2 vehículos con conductor para cada municipio. Ante la pregunta por la ejecución de estos contratos, la empresa responde que:

    no es posible precisar nombre de conductor y datos del vehículo, como quiera que el servicio contratado es a todo costo, lo que implica, que el proveedor del mismo tiene la libertad de determinar o proveer el vehículo y conductor que tenga disposición para prestar el servicio requerido por el contratante, de conformidad con las fechas y lugares a realizar los desplazamientos (…)

    Frente a esto, se insistió en el segundo derecho de petición, solicitando el contrato de prestación de servicios de transporte, a lo que la firma responde:

    “…frente a lo requerido se precisa, que por solicitud expresa del contratista y con ocasión a la fuerte situación de orden público, generada por grupos subversivos y al margen de la Ley, que afectan de manera significativa los municipios en los cuales se ejecuta el proyecto en mención, se reservara el contenido de dicho documento legal, ya que en él se encuentran incluidos los datos personales, entre ellos datos de ubicación y contacto.

    Así pues, la firma INGECAG S.A.S se niegan a dar información sobre este contrato que supera los 200 millones de pesos. Al respecto, es importante revisar lo que dice la Corte Constitucional en la sentencia T 36 de 2017, donde se traen las Sentencias C-491 de 2007 y C-274 de 2013 que precisan los límites al acceso a la información, así:

    En resumen, la Corte ha considerado que sólo es legítima una restricción del derecho de acceso a la información pública – o el establecimiento de una reserva legal sobre cierta información – cuando: i) la restricción está autorizada por la ley o la Constitución; ii) la norma que establece el límite es precisa y clara en sus términos de forma tal que no ampare actuaciones arbitrarias o desproporcionadas de los servidores públicos; iii) el servidor público que decide ampararse en la reserva para no suministrar una información motiva por escrito su decisión y la funda en la norma legal o constitucional que lo autoriza; iv) la ley establece un límite temporal a la reserva (…)

    En este caso la firma INGECAG S.A.S no sustenta su respuesta en ley o artículo constitucional que lo ampare, tampoco remite análisis de riesgo o concepto de autoridad competente para validarlo. Por tanto, se entiende que la firma se abstiene de dar información de manera arbitraria y la Alcaldía del Doncello lo permite.

    Esta reticencia a dar información se ve agravada cuando existen incógnitas sobre la contratación del servicio, pues en los soportes de legalización se encuentran numerosos gastos de gasolina y pago de peajes en el departamento del Huila; así como tiquetes de transporte por parte de los contratistas. En definitiva, parece no ser suficientes los 6 carros, pues además se tanquean carros privados, se pagan peajes en el Huila y los empleados pagan sus transportes terrestres.

    Lo mismo sucede con los contratos de las personas encargadas de implementar los componentes de ordenamiento territorial y ZAP. La empresa aduce que no puede brindar información por motivos de seguridad, pero no relaciona norma que autorice la reserva. En este sentido, es paradójico que se nieguen a dar copia de los contratos por contener información personal, la misma que se encuentra en las hojas de vida que fueron enviadas como respuesta al primer derecho de petición.

    Ahora bien, esta opacidad genera dudas sobre el monto de los contratos, situación que se hace más compleja al revisar las planillas de pagos de seguridad social, especialmente el Ingreso Base de Cotización (IBC); ahí las cuentas no cuadran. Por ejemplo, de acuerdo con el pago de seguridad social de febrero, los 3 profesionales SIG contratados para el municipio de Doncello tienen salarios alrededor de 3 millones. No obstante, en el anexo de ejecución financiera del mes de febrero, se nombran 6 profesionales SIG, 3 con salarios de 4 millones y 3 con salarios de 5 millones.

    Lo mismo pasa con los demás empleados, el asesor en desarrollo urbano cotiza con un IBC de 800.000, es decir, un salario de 2 millones, pero en el informe de ejecución para el mes de febrero se relacionan salarios por 4 y 5 millones para este mismo perfil. Así las cosas, surgen dudas sobre cuál es realmente el salario de los empleados, si es menor o la empresa está cotizando por valores menores al contrato firmado. Sin acceder al contrato, estas dudas no se pueden resolver.

    Finalmente, es inquietante el pago de arriendos en lugares alejados de la ejecución del proyecto. De acuerdo con el OTRO SI No. 001, el valor del contrato de arrendamiento y servicios se reduce de forma importante, pasando de cerca de 8 millones en cada uno de los 3 municipios a 2.780.000 en el municipio del Doncello y 2.000.000 en el municipio de San Vicente del Caguán. No obstante, al solicitar los contratos de arrendamiento, se remiten dos contratos, uno en la ciudad de Florencia y en la ciudad de Neiva. Aquí surge la duda de ¿por qué se justifican arriendos en lugares apartados de dónde se implementa el proyecto, cuando el otro sí y el plan de inversión del anticipo dice lo contrario?

    Todas estas dudas generan sombras sobre este contrato, pues la firma INGECAG S.A.S y la Alcaldía de Doncello se niegan a dar respuestas de fondo. Por su parte, la Contraloría General de la República se hace la de la vista gorda, pues luego de que la Mesa de Diálogo presentara solicitud investigación hace más de dos meses, no hay respuesta aún. Las comunidades siguen remando solas contra la corriente, viendo que nadie responde y los recursos para la paz se esfuman.

  • Amazonía Viva y Estado Intercultural

    Amazonía Viva y Estado Intercultural

    Determinados por el propósito común de participar activamente en la construcción de Estado desde la diversidad de los pueblos indígenas y la multiplicidad cultural que aportan aquellos otros colombianos y colombianas que han convergido en la región, la Alianza por la Amazonía invita a que las decisiones que se tomen para garantizar la existencia de este sistema biocultural, se fundamenten en los sistemas de conocimiento indígenas, que por miles de años, han contribuido a la construcción de la Amazonía que conocemos, al mantenimiento de la integridad de los bosques y su función reguladora del ciclo del agua y por ende, al sostenimiento de la vida en el planeta.

    Este documento recoge miradas, apuestas y aproximaciones que, siendo distintas y diversas, se unen en el interés de contribuir a la protección de la vida que todos los seres compartimos, y de promover condiciones que garanticen la continuidad de los beneficios materiales que la Amazonía le brinda al planeta y al país. Este propósito está estrechamente vinculado a la propuesta “Amazonía Viva. Humanidad segura” que lidera la OPIAC y que busca que el país reconozca, aprenda y acoja las alternativas que los sistemas de conocimiento indígena ofrecen para enfrentar las múltiples crisis que vivimos.

    Al señalar que se trata de un texto vivo, afirmamos la vitalidad y la potencia de continuar, a través del diálogo intercultural, analizando y reflexionando sobre la mejor forma de construir una sociedad basada en el relaciona – miento equilibrado, justo y efectivo entre sistemas de conocimiento diversos, de los cuales emerja un concepto colectivo de bienestar y de buen vivir o de vivir en abundancia y armonía con la naturaleza.

    Reconocemos entonces, como premisa de este ejercicio, que para continuar en la construcción del Estado desde la Amazonía, es fundamental que se promuevan espacios de diálogo y conversación entre la multiplicidad de visiones presentes en la región, abordando las diversas perspectivas sobre derechos territoriales, ordenamiento ambiental del territorio y pluralismo jurídico como fuente para la construcción del Estado.

    Mantener la Amazonía viva es proteger los sistemas de vida de sus pobladores y los ecosistemas.

    Descarga nuestra publicación completa: 

     

  • Comunicado | Memoria y posición de la reunión de revisión del estado de las negociaciones previas a la COP 15 de Diversidad Biológica

    Comunicado | Memoria y posición de la reunión de revisión del estado de las negociaciones previas a la COP 15 de Diversidad Biológica

    El día 26 de octubre de 2022 nos reunimos delegados de organizaciones indígenas, como Gobierno Mayor, ONIC, OPIAC, OZIP y la coordinación de cambio climático y biodiversidad de COICA, en un espacio facilitado por Rainforest Foundation Norway y la Asociación Ambiente y Sociedad y con el acompañamiento de organizaciones aliadas como WWF, Fundación GAIA Amazonas, IRI, FCDS y TNC, con el fin de revisar el proceso y el contenido del borrador de nuevo Marco de Diversidad posterior a 2020 y el estado de las negociaciones previas a la COP 15. Al respecto, planteamos nuestras perspectivas

    1. Para los pueblos indígenas es importante que el nuevo Marco de Diversidad Post 2020 mantenga el enfoque de derechos humanos y derechos colectivos de los pueblos indígenas. Por tanto, si bien es aceptable que la mención a la Declaración de Naciones Unidas sobre Derechos de los pueblos Indígenas, así como los derechos al territorio, al consentimiento libre previo e informado, participación, entre otros, se incluyan en la sección B bis, consideramos necesario que estos elementos se mencionen directamente en algunas de las metas que tienen relación directa con los pueblos indígenas, con el fin de que se establezcan indicadores medibles para las evaluaciones de biodiversidad.

    2. Teniendo en cuenta que gran parte de conservación de la diversidad biológica se hace en los territorios indígenas, los pueblos indígenas deben ser tomadores de decisiones y partícipes activos en la planeación para la conservación. Esta mención debe quedar expresa en la Meta del nuevo Marco

    3. Actualmente no es clara la medida ni los marcos de conocimiento que van a ser usados para la recuperación de ecosistemas. Al respecto nuestra propuesta consiste en que la recuperación se haga desde el reconocimiento de la integralidad ecológica, ecosistémica y conectividad biocultural con la participación plena y efectiva de los Pueblos Indígenas, reconociendo la necesidad de restaurar culturas y relaciones desde los sistemas de conocimiento, desde las propias cosmovisiones de los pueblos indígenas y desde un enfoque diferencial. Especialmente en la meta.

    4. Se considera necesario que se mantenga la alusión a los territorios indígenas como una tercera categoría que aporta al cumplimiento de la meta 3 (además de áreas protegidas y OMECs), y que no se pretenda cambiar este concepto por el de áreas indígenas u otros similares, que limitan o desconocen la integralidad de los territorios indígenas.

    5. La ambición del 30 x 30 propuesta en la meta 3, tendría mejores resultados si está regionalizada, es claro que en el país hay áreas que han sido efectivamente conservadas por los pueblos indígenas. Para este fin se requiere empezar por el reconocimiento legal de los territorios indígenas. Estos son la garantía para que las diferentes estrategias que aportan a la protección de la biodiversidad estén bien conectadas y para detener su pérdida. De la seguridad de la territorialidad indígena depende que se proteja la integridad de las grandes extensiones boscosas del mundo, determinantes para la regulación del clima global, el ciclo hídrico entre otros sistemas de soporte de la vida. Por otra parte, se requiere plantear metas regionales pertinentes y ambiciosas para biorregiones clave, porque, por ejemplo, para el caso de la Amazonía el 30% no resulta pertinente ni ambicioso ya que hoy el 47.8% de la región se encuentra bajo alguna figura de protección o como Resguardo Indígena. Este debe ser un compromiso no solo de las regiones donde se encuentran las grandes extensiones boscosas, sino de los gobiernos del mundo. La manera más efectiva de garantizar la integridad de estas regiones es asegurando la conectividad ecosistémica y sociocultural, esto solo es posible si las metas regionalizadas contemplan a los Territorios Indígenas como unidades de manejo que aportan al cumplimiento de las mismas.

    6. La integración de los valores de la biodiversidad, de que habla la meta 14, debe hacerse plenamente a la mayor brevedad y no solo progresivamente. Es necesario que se mencionen los diferentes sectores, tanto los que más están afectando la conservación, como otros sectores en donde sean pertinentes los mencionados valores. De igual forma, es necesario que se incluya la perspectiva cultural Indígena.

    7. En relación con los conocimientos tradicionales, especialmente para la meta 20, para el caso de los pueblos indígenas, consideramos importante que se hable de sistemas de conocimientos indígenas, ya que los conocimientos no son un elemento aislado, sino que están interrelacionados directamente con el territorio, la cultura y la cosmovisión indígena e incluyen la espiritualidad, y la innovación. Otro punto fundamental en esta meta es que se garantice el consentimiento libre, previo e informado cuando los conocimientos sean base para la toma de decisiones en materia de conservación.

    8. Respecto de la meta 21, consideramos importante que se mantenga la referencia a la Justicia ambiental, ya que muchos líderes, lideresas y autoridades indígenas han sufrido diferentes violaciones a sus derechos a la vida, a la integridad y a la libertad, por la defensa de los territorios, el ambiente y la diversidad.

    9. Los pueblos indígenas de Abya Yala, hoy llamada América, han generado diferentes espacios para analizar y presentar propuestas para el nuevo Marco de Diversidad Post 2020. En este contexto, acogemos y respaldamos la declaración de los pueblos Indígenas de Abya Yala, dada en Panamá el día 23 de octubre del 2022.

    Descargar documento completo:

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  • Opinión | El Acuerdo de Escazú, una victoria del pueblo

    Opinión | El Acuerdo de Escazú, una victoria del pueblo

    Primera publicación: El Tiempo

    Si nos quedamos callados, nos matan; si hablamos, también”. Esta frase, tan cierta, dura y real, la pronunció Cristina Bautista, lideresa indígena del pueblo Nasa, asesinada en 2019. Es que el asesinato diario de personas defensoras de nuestros territorios se convirtió en una vivencia cruda a la que tuvimos que acostumbrarnos y blindarnos quienes trabajamos en favor de los derechos humanos y del ambiente en Colombia.

    El Acuerdo de Escazú es un instrumento histórico en el ámbito internacional, pues, además de que admitió una participación activa durante su fase de negociación, entre 2014 y 2018, nos permite a la ciudadanía, desde su entrada en vigencia en 2021, intervenir en las decisiones en torno a su contenido e implementación. Quienes integramos “el público” somos el corazón del Acuerdo, hemos tenido y tendremos voz y voto durante en el desarrollo de las Conferencia de las Partes, escenario internacional en el que los Estados y, también, la ciudadanía definiremos el futuro de este importante instrumento.

    Acceso a la información, participación ciudadana y justicia ambiental son derechos contenidos en la Constitución Política de Colombia, pero, por años, se han vulnerado. La dificultad para acceder a información ambiental de calidad o la ausencia de participación ciudadana en etapas previas de toma de decisión son barreras de desigualdad generadoras de conflictos sociales y ambientales. No en vano, se nos reconoce como el segundo país con mayor conflictividad en el mundo. El Acuerdo de Escazú se convierte en una herramienta para fortalecer nuestro marco normativo y, de paso, para empezar a materializar la democracia ambiental en el país. 

    En Colombia, el Acuerdo terminó el trámite legislativo el pasado 10 de octubre; una culminación por lo alto, en la que, pese a los intentos fallidos y hasta acusaciones en contra de nuestro querido frailejón Ernesto Pérez, tuvo el respaldo legislativo en su cuarto debate, con 119 votos a favor y 1 en contra. Nos quedan dos pasos antes de que Colombia ratifique, formalmente, el Acuerdo: en primer lugar, deberá sancionarlo el presidente Gustavo Petro y, luego, necesitará pasar la revisión de la Corte Constitucional, en sus términos legales y constitucionales.

    La aventura con el Acuerdo de Escazú empezó en 2013. En esos momentos, la democracia ambiental en Colombia empezaba una ruta de construcción colectiva de la que fueron artífices muchas personas defensoras de derechos humanos y de la naturaleza. Entre ellas, Margarita Flórez, Gloria Amparo Rodríguez y otros valientes que impulsaron este presente que hoy vivimos. A ellas y ellos, es importante dar las gracias.

    El camino del Acuerdo de Escazú ha sido, sin lugar a duda, retador para quienes decidimos andar por él. El Acuerdo se convirtió en nuestro hijo rebelde, terco y con mucha dignidad. Se enfrentó a todo, a un gobierno desinteresado y desconectado de la realidad nacional, de un país que, en las calles y luego en las urnas, exigió respeto por la vida, incluso, dando la vida por lograrlo. A quienes les arrebataron la vida en esta lucha, les debemos el momento histórico que hoy celebramos y la responsabilidad de hacerlo realidad.

    Durante este proceso, nos enfrentamos a un Congreso que, en su mayoría, estaba en contra; pero, aun con las mil y un teorías o, como las llamamos, los “mitos sobre el Acuerdo de Escazú”, este instrumento tuvo los mejores protectores y aliados: los ciudadanos y ciudadanas que dimos la pelea técnica y jurídica para desmentir cada afirmación equivocada y descontextualizada sobre su contenido. Reiteramos, una y otra vez, que el Acuerdo no atenta contra la soberanía, que nuestro marco normativo sí necesita fortalecerse en materia ambiental y que, por supuesto, defender la vida requiere de mucho más que buena voluntad y discursos en plaza pública.

    Hoy, es diferente el escenario: el actual gobierno se planteó como apuesta política garantizar que Colombia sea una potencia mundial de la vida. De su mano, tenemos una gran responsabilidad de implementar este importante Acuerdo.

    Seamos guardianes del Acuerdo de Escazú, la veeduría ciudadana es un derecho y también nuestra responsabilidad. 

    Hoy este gran logro pertenece a cada persona que, desde su casa, desde las calles, desde su esfera familiar y personal se comprometió con conseguirlo. Y es que, ¡Escazú es una victoria del pueblo! Que esta victoria nos motive a todos los sectores de la sociedad a articularnos en torno a su implementación. Ella nos beneficiará a quienes habitamos este país.

    Por una Colombia en donde el respeto por la vida sea el eje central de cualquier lucha.