Blog

  • Colombia protege finalmente a sus defensores ambientales con la aprobación del Acuerdo de Escazú

    Colombia protege finalmente a sus defensores ambientales con la aprobación del Acuerdo de Escazú

    Primera publicación: DW Español 

    Fue uno de los hitos latinoamericanos de la pasada cumbre sobre cambio climático de Naciones Unidas en Madrid (COP25): la firma del Acuerdo de Escazú por parte de Colombia. Este tratado regional “establece estándares de protección más altos para la defensa de la vida de las personas defensoras ambientales y para garantizar su derecho a participar en asuntos ambientales que puedan afectarlas”, remarca Yeny Rodríguez, de la Asociación Interamericana para la Defensa del Medio Ambiente (AIDA), en entrevista con DW. “Varios países de la región, entre ellos, Brasil, Colombia, México y Honduras, siguen ocupando deshonrosos primeros puestos como países donde se han asesinado a la mayor cantidad de personas defensoras ambientales”, agrega.

    Aunque la firma de este acuerdo implica la ratificación del mismo, en el caso colombiano, esa ratificación se ha hecho esperar: hasta el pasado lunes (10.10.2022) el Congreso colombiano no había votado a favor del Proyecto de Ley No. 109/2022. Así, finalmente se aprobó el ‘Acuerdo Regional sobre el acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe’, el nombre oficial que recibe dicho tratado.

    Esta victoria fue celebrada por la sociedad civil colombiana que inundó las redes sociales alabando este avance, ya que supone “el reconocimiento de lo que implica ser un defensor ambiental en Colombia”, dice, satisfecha, a DW Vanessa Torres, subdirectora de Ambiente y Sociedad.

    “Fueron más de tres años haciendo pedagogía, investigando, dialogando. Es maravilloso ver como las juventudes, varias organizaciones étnicas y movimientos locales se apropiaron del Acuerdo y lo impulsaron”, señala por su parte a DW Mauricio Madrigal, abogado ambiental y profesor de la Universidad de Los Andes.

    Un impulso decisivo para un largo proceso

    “Si bien el Acuerdo se firma en el marco del gobierno de Iván Duque, desafortunadamente, este no fue una prioridad dentro del gobierno nacional”, lamenta Torres.  “Sin el acompañamiento de un gobierno es muy difícil que un proyecto de ley avance”, dice la también portavoz de la Alianza por el Acuerdo de Escazú, un conglomerado de organizaciones de la sociedad civil que ha impulsado la tramitación de dicha ley en el Congreso.

    Para la abogada de AIDA, “el insistente trabajo de la Alianza por el Acuerdo de Escazú supo aprovechar la ventana de oportunidad que dibujó el nuevo clima político en Colombia”, sostuvo, apuntando al nuevo gobierno de Gustavo Petro. “Desde agosto, el Ministerio de Ambiente anunció la creación de un plan de emergencia para la protección de personas defensoras ambientales, explicando que se trataba del inicio de la implementación de Escazú”, recuerda.

    Aunque se acerca el final de este largo proceso, el Acuerdo de Escazú aún debe pasar dos tramos antes de que Colombia se convierta en el catorceavo país de América Latina y el Caribe en ratificarlo, entre ellos el fallo de la Corte Constitucional, que indique la constitucionalidad de la Ley. Sin embargo, lo más difícil vendrá a continuación, ya que, tras la ratificación, deberá implementarlo, de manera que, además de los derechos de acceso, se garantice la protección de las personas defensoras de derechos en asuntos ambientales.

    “Escazú es un instrumento de pisos mínimos, establece lo básico. El reto, sin duda, está en la reglamentación temática y sectorial, en donde se deben integrar enfoques transversales, como el biocultural y de género, y se deben reconocer las formas de gobernanza y de gobierno desde abajo, desde las comunidades. En esencia, es un puente entre la democracia y la democratización ambiental”, considera Madrigal.

    Según Rodríguez, “como sociedad civil nos corresponde impulsar que se haga pedagogía con las comunidades rurales acerca de los derechos y mecanismos contenidos en el acuerdo, participar en los escenarios o mesas de diálogo destinados a su reglamentación, e implementación, entre otros”.

    En eso coincide Vanessa Torres, que asegura que “Escazú es del pueblo y debe ser supervisado y monitoreado por los ciudadanos”.

  • ¿Cómo puede el BID fortalecer el proceso de revisión de su Política de Acceso a la Información?

    ¿Cómo puede el BID fortalecer el proceso de revisión de su Política de Acceso a la Información?

    Primera publicación: BIC

    Con base en experiencias previas, el relacionamiento del BID con las organizaciones de la sociedad civil y comunidades afectadas ha sido preocupantemente débil, especialmente en comparación con instituciones pares. Los procesos de consulta no han sido la excepción. Mientras el BID lleva adelante el proceso de revisión de su Política de Acceso a la Información, que comenzó el 29 de agosto, las organizaciones de la sociedad civil estamos particularmente preocupadas ya  que existen indicaciones de que el BID no va a llevar adelante un  un proceso de consulta sólido. Creemos que la manera en que se ha estructurado la revisión de la PAI inhibe la participación significativa de la sociedad civil y las comunidades afectadas, y por tanto, es menos probable que devenga en un resultado positivo.

    Si bien celebramos que el BID revise su PAI, ya que representa una oportunidad para fortalecer la política y alinearla con estándares internacionales y el Marco de Política Ambiental y Social (MPAS). Instamos  al BID a a demostrar su compromiso con una PAI robusta a través de la realización de un proceso de consulta, sólido, significativo e inclusivo, como un primer paso y condición necesaria para garantizar un resultado positivo.

    A los fines de promover un proceso de revisión de la PAI inclusivo y que permita rendir cuentas, sociedad civil recomienda al BID:

    1. Actualizar y organizar la información respecto del proceso de consulta en un sólo lugar en la página web del BID, de manera que sea transparente y accesible para la sociedad civil y otras partes interesadas.
    2. Incorporar un período público de 30 días para partes interesadas externas que permita enviar comentarios y recomendaciones a un segundo borrador de la PAI.
    3. Solicitar proactivamente la opinión de las partes interesadas para facilitar su participación en los procesos de consulta.
    4. Eliminar las barreras que existen en el plan de consulta para garantizar una participación efectiva. Por ejemplo, el requerimiento de registro en una plataforma electrónica con políticas poco claras sobre la protección de datos y de la privacidad.
    5. Confirmar, difundir con anticipación el calendario con las fechas y lugares de las consultas presenciales planificadas para la fase 2.
    6. Abrir una instancia de comentarios públicos para la recepción de comentarios para las directrices de implementación de la futura PAI.
    7. Reunirse con sociedad civil en la Reunión Anual del Grupo BID en Panamá 2023.

    Las organizaciones de la sociedad civil abogan por que el BID sea un líder en materia  de acceso a la información en la región, siguiendo el estándar marcado por el Marco de Política Ambiental y Social. La expectativa es que el BID se base  en los máximos estándares de acceso a la información, para garantizar una mejor gobernanza ambiental y social. Sin embargo, el BID aún necesita fomentar una cultura institucional que permita que los procesos de consulta no sólo sean robustos, significativos e inclusivos; sino que también sean receptivos a las interacciones y la crítica constructiva de la sociedad civil y las comunidades afectadas.

    Para leer en detalle las recomendaciones de la sociedad civil para el BID, por favor vea la carta de las OSC en español aquí:

    [gview file="https://nuevo.ambienteysociedad.org.co/wp-content/uploads/2022/09/SPA-Carta-BID-re-Politica-de-Acceso-a-la-Informacion-1.pdf%22]

  • Comunicado | Acuerdo de Escazú, a un debate de su ratificación en Colombia

    Comunicado | Acuerdo de Escazú, a un debate de su ratificación en Colombia

    ● La Alianza por el Acuerdo de Escazú celebra la ponencia positiva en la Cámara y el respaldo del Gobierno Nacional a este proyecto de ley, fundamental para el acceso a la información, la participación ciudadana y la protección de derechos humanos y el medioambiente. #EscazúAhora

    ● Desde la Alianza hacemos un llamado al legislativo para definir con prioridad el cuarto y último debate, en Plenaria de Cámara, para lograr la ratificación del Acuerdo luego de más de dos años de trámite en el Congreso.

    Bogotá, 28 de septiembre de 2022

    Tras el repentino aplazamiento la semana pasada, este miércoles 28 de septiembre se aprobó en la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes el Proyecto de Ley No. 109/2022 sobre el Acuerdo de Escazú, con 14 votos a favor y 3 en contra, y quedó a un debate -en Plenaria de la Cámara- para ser ratificado y convertirse en ley de la República.

    La Alianza por el Acuerdo de Escazú en Colombia celebra su avance en el legislativo e insiste en la importancia de este tratado internacional, que busca disminuir y prevenir los conflictos ambientales garantizando a la ciudadanía tres derechos imprescindibles:

    1. El acceso a la información, oportuna, comprensible y culturalmente apropiada, en igualdad de condiciones para los grupos más vulnerables.

    2. La participación ciudadana, que debe ser abierta e inclusiva desde etapas iniciales en procesos de toma de decisiones que puedan afectar el medio ambiente o la salud.

    3. El acceso a la justicia frente a hechos que afecten al medio ambiente y los derechos humanos. En el mismo sentido, por primera vez, el Estado adoptará medidas concretas para la protección de los defensores y las defensoras ambientales.

    Luego de una amplia y detallada discusión, así como de numerosos ejercicios pedagógicos y de difusión en el país, el Acuerdo de Escazú está a un paso de su ratificación. La Alianza llama ahora al legislativo a convocar, con alta prioridad, el cuarto y último debate, y evitar dilaciones que han llevado a un tránsito de este proyecto por más de dos años en el Congreso.

    La representante y coordinadora ponente, Carolina Giraldo, insistió en la dificultad que supone acceder a información ambiental hoy y cómo este Acuerdo permitirá a todos los actores conocerla. “Debemos combatir la desinformación y los mitos en torno al Acuerdo”, añadió Giraldo.

    El Acuerdo de Escazú materializa el compromiso de América Latina y el Caribe con la democracia ambiental, un concepto que se fundamenta en procesos participativos con acceso a información técnica de calidad, mecanismos judiciales efectivos en materia ambiental y principalmente establece la obligación de proteger a quienes ponen en riesgo su vida en escenarios de protección territorial.

    Susana Muhamad, ministra de Ambiente, también presente en el debate, insistió en que “Colombia hoy es uno de los países del mundo con más asesinatos de defensores ambientales, quienes han buscado en los territorios información que les permita participar en el debate público”

    De ahí la necesidad de ratificar este Acuerdo, que plantea un acceso oportuno y comprensible a la información, en igualdad de condiciones para los grupos más vulnerables. “Escazú le va a dar poder a las comunidades, le va a dar poder al ciudadano del común, nos va a hacer corresponsables a las entidades del Estado, al Congreso, a responder y a planificar el desarrollo de otra forma. Uno no puede, como hizo la Agencia Nacional de Minería en los 15 últimos años, entregar títulos mineros desde el escritorio”.

    Vanessa Torres, subdirectora de la organización Ambiente y Sociedad y miembro de la Alianza por el Acuerdo de Escazú, destacó que “es un día para celebrar y recordar que sin la vida de los defensores ambientales de Colombia es imposible avanzar con un proceso de protección y defensa del ambiente. El llamado desde las organizaciones de la sociedad civil es al compromiso del legislativo a decirle sí a la vida”.

    Frente a los mitos, desinformación e interpretaciones imprecisas sobre el alcance y posibles implicaciones de la ratificación de este tratado, desde la Alianza por el Acuerdo de Escazú invitamos a la ciudadanía, a los sectores productivos y a los congresistas a consultar los análisis basados en una lectura detallada del texto del Acuerdo y en un riguroso estudio jurídico del mismo: https://escazuahora.com.co/wp-content/uploads/2021/06/colombia-necesitaacuerdo-escazu-4.pdf

    Así se dio la votación en el tercer debate

    Votos positivos (14): Andrés Calle; Carolina Giraldo; David Racero; Fernando Niño; Alexander Guarín; Elizabeth Jay-Pang; Erika Tatiana Sánchez; Norman Bañol; Jorge Tovar; William Ferney Aljure Martínez; Juana Carolina Londoño; Álvaro Mauricio Londoño; Jhoany Carlos Palacios Mosquera, y Mary Anne Andrea Perdomo.

    Votos negativos (3): Edinson Vladimir Olaya Mancipe; Luis Miguel López Aristizábal, y Gersel Luis Pérez Altamiranda.

    [gview file="https://nuevo.ambienteysociedad.org.co/wp-content/uploads/2022/09/Comunicado_Alianza_Escazu_28_septiembre_2022.pdf%22]

     

     

  • Comunicado | Aplazan nuevamente el tercer debate sobre el Acuerdo de Escazú en Colombia

    Comunicado | Aplazan nuevamente el tercer debate sobre el Acuerdo de Escazú en Colombia

    ● El Congreso de la República debe demostrar su compromiso con la democracia ambiental. La protección de las personas defensoras del ambiente no da espera.

    ● La Alianza por el Acuerdo de Escazú en Colombia solicita a la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes en cabeza de su Presidenta, la Representante Carolina Londoño, y su Secretario, el Representante Juan Carlos Rivera, definir prontamente la fecha para el tercer de los cuatro debates del proceso de ratificación de este Tratado y demostrar su compromiso con los derechos humanos y el medio ambiente.

    Para hoy, 20 de septiembre, estaba convocado el tercer debate en la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes del Proyecto de Ley No. 109/2022 sobre el Acuerdo de Escazú. Sin embargo, a último momento y sin una justificación clara, se anunció el aplazamiento de la votación por parte de la Presidenta de la Comisión, la Representante Juana Carolina Londoño y el Secretario de la misma, el representante Juan Carlos Rivera, ambos del Partido Conservador. Este aplazamiento desconoce que el tratado regional ya lleva dos años en el Congreso y su trámite ha tenido múltiples discusiones, así como diversas dilaciones.

    La Alianza por el Acuerdo de Escazú en Colombia reitera la solicitud al Congreso de la República y al Gobierno Nacional de impulsar de manera urgente el proceso de ratificación de este visionario tratado. Su postergación repite la falta de compromiso que tuvo el Congreso pasado, en un momento en el que Colombia enfrenta enormes retos para el fortalecimiento del acceso a la información, a la participación ciudadana y a la justicia en materia ambiental. Adicionalmente, la gravísima situación de asesinatos y amenazas a personas defensoras del ambiente en el país es una razón determinante para que Colombia se haga parte del Acuerdo lo antes posible.

    El Acuerdo de Escazú materializa el compromiso de América Latina y el Caribe con la democracia ambiental, un concepto que se fundamenta en procesos participativos con acceso a información técnica de calidad, mecanismos judiciales efectivos en materia ambiental y principalmente establece la obligación de proteger a quienes ponen en riesgo su vida en escenarios de protección territorial. “Ignorar este tratado regional implica cerrar las puertas al fortalecimiento de nuestras políticas públicas e institucionalidad ambiental, y dar la espalda a un escenario de cooperación y multilateralismo fundamental para nuestro país” afirma Lina Muñoz Ávila, profesora de la Universidad del Rosario.

    Recientemente, Vanessa Torres, Subdirectora de la organización Ambiente y Sociedad manifestó en Audiencia Pública que Colombia no solo debe hacer parte de esta iniciativa, sino liderar el proceso en la región, pues somos el país más peligroso para la defensa del medio ambiente y los DD.HH. También advirtió que en Colombia el acceso a información en materia ambiental de calidad resulta una misión imposible, sobre la participación ciudadana; si bien Colombia cuenta con diferentes mecanismos judiciales, administrativos y políticos la ausencia de una participación efectiva en etapas iniciales de toma de decisión limita el alcance del derecho. Añadió que en materia de justicia ambiental el Acuerdo de Escazú pone sobre la mesa la importancia de capacitar y generar herramientas a la rama judicial en materia ambiental, proceso necesario entendiendo que muchos fallos judiciales no han sido implementados por falta de capacidad.

    Por otro lado, congresistas de diversas bancadas y sectores políticos han manifestado su apoyo al Acuerdo de Escazú y su disposición de aprobarlo. Los representantes, coordinadores ponentes, Andrés Calle del Partido Liberal, Carolina Giraldo del Partido Verde, David Racero del Pacto Histórico, Fernando Niño del Partido Conservador, Alexander Guarín del Partido de la U, Elizabeth Jay-Pang del Partido Liberal, Erika Tatiana Sánchez de la Liga de Gobernantes Anticorrupción, Norman Bañol de la Circunscripción Indígena y Jorge Tovar de la Circunscripción de Paz, en un comunicado reconocen que el Acuerdo de Escazú es una herramienta que ayudará a seguir fortaleciendo la lucha y la protección por el medio ambiente y los derechos humanos. ¨Desde la Cámara de Representantes, llevaremos la bandera de la defensa y trabajaremos con determinación para que este proyecto avance en su curso y pueda ser una realidad en nuestro país¨, puntualizan.

    Frente a los mitos, desinformación e interpretaciones imprecisas sobre el alcance y posibles implicaciones de la ratificación de este tratado, desde la Alianza por el Acuerdo de Escazú invitamos a la ciudadanía, a los sectores productivos y a los congresistas a consultar los análisis basados en una lectura detallada del texto del Acuerdo y en un riguroso estudio jurídico del mismo: https://escazuahora.com.co/wp-content/uploads/2021/06/colombia-necesitaacuerdo-escazu-4.pdf

    Más información con:

    Alicia Gómez, Coordinadora de Comunicaciones, Asociación Ambiente y Sociedad, aliciagomez@ambienteysociedad.org.co, 3204821467

    Nicolás Congote, oficial de medios – WWF Colombia, nfcongote@wwf.org.co , +57 320 8651740

    [gview file="https://nuevo.ambienteysociedad.org.co/wp-content/uploads/2022/09/Comunicado_Alianza_Acuerdo_Escazu_septiembre_2022.pdf%22]

     

     

  • Empresas y Derechos Humanos: ¿Qué nos espera en los próximos años?

    Empresas y Derechos Humanos: ¿Qué nos espera en los próximos años?

    Primera publicación: El Espectador 

    Por: Edwin Bohorquez Aya

    Acaba de pasar el “Foro Regional sobre Empresas y Derechos Humanos”, además del “Foro Alternativo Abusos de poder empresarial: la otra cara de la rendición de cuentas sobre empresas y derechos humanos”, que hizo que el gobierno nacional, el sector privado y que distintos actores representantes de la sociedad civil pusieran sobre la mesa un asunto histórico sobre el que en Colombia se han escrito tantas páginas de libros como historias mismas existen al respecto: la relación entre el desarrollo empresarial y la existencia de conflictos con comunidades quienes denuncian la violación de sus derechos como pueblos defensores de la tierra, advirtiendo la afectación en ecosistemas que históricamente han protegido. Así que, con la llegada de una nueva administración a la Casa de Nariño, ¿qué se puede esperar en los próximos cuatro años?

    “Colombia tiene una política pública desde el 2012, un Plan Nacional de Empresas y Derechos humanos -ya están en su segunda iteración, en su segunda versión-, y pues desde el grupo de trabajo de Naciones Unidas con experticia en este tema, vemos con buenos ojos que existen estos planes, pero creemos que hay una oportunidad enorme de revisarlos, fortalecerlos, y de trabajar en otra áreas, no solo de política pública sino también en revisar qué leyes hay y cómo funcionan. Por ejemplo, leyes en materia de protección ambiental para otorgar permisos ambientales, exigir valuaciones a las empresas antes de operar, todo el tema de licencias sociales y la exigencia de valuaciones de impacto, que se debería hacer por parte del Estado como regulador y garante de los derechos humanos hacia las empresas; entonces creo que es revisar las políticas públicas existentes, eso definitivamente tiene que suceder, pero también revisar el marco legal y fortalecerlo en la medida en que lo necesiten en el contexto que está viviendo Colombia”, dijo Fernanda Hopenhaym, presidenta y miembro del grupo de trabajo sobre las empresas y los Derechos Humanos de la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en representación de América Latina.

    Ella se refiere a la realidad que se está viviendo en Colombia, donde “como todos sabemos es muy complejo para las y los defensores de Derechos Humanos, sobre todo en los territorios y sobre todo cuando enfrentan a proyecto de naturaleza extractiva, o industrias de alto riesgo para los derechos humanos; entonces hay que caminar por varias avenidas, la de política pública, pero también la de regulación con mejorar leyes, marcos normativos, y también la ratificación del acuerdo de Escazú, un elemento fundamental en el contexto interamericano hacia un tratado legalmente vinculante en la materia a nivel internacional”, agregó durante un conversatorio organizado por El Espectador y Ambiente y Sociedad. Lo advierte Hopenhaym después de recordar que en su tarea está vigilar la implementación de los principios rectores de la ONU donde se busca proteger los derechos humanos en el contexto de la actividad empresarial, clarificar las obligaciones y responsabilidades del Estado, y de las empresas en la materia de abstenerse de hacer daño y de que haya garantías a los derechos. Hasta el momento, se sabe que el presidente electo ya designó a Cecilia López como nueva ministra de Agricultura y a Susana Muhamad como ministra de Ambiente, además de Iván Velásquez en la cartera de Defensa, todos tendrán que ver con esta discusión que pone en el centro el respeto por los derechos humanos.

    Silvia Gómez, directora ejecutiva de la Fundación Gaia Amazonas, aclaró que de cara a la realidad que vive el país y ese es el de la reactivación económica tras la pandemia, era preciso recordar que el “gobierno de Duque estaba muy enfocado en la recuperación empresarial pero no tuvo en cuenta la importancia y le envergadura de la diversidad cultural en el país”, refiriéndose a que, por ejemplo, “la Amazonía no es solo un bosque con inmensos servicios ecosistémicos sino que está habitando por más de 280 grupos indígenas que llevan mucho tiempo haciendo valer el reconocimiento como autoridades indígenas”, que son “son autoridad político administrativa” y que son ellos los llamados a “aportarle al país en cuanto a la defensa del territorio frente a la expansión de empresas extractivistas y a la protección de su territorio”.

    En otras palabras y con un ejemplo claro, habló del necesario trabajo en equipo que debería hacer el gobierno nacional junto con las comunidades indígenas para tratar de reducir todos los posibles conflictos venideros a la hora de entregar licencias a empresas que operen en dichos territorios: “Acá hay un caso muy interesante en la cuenca del río Apaporis que es como toda la estrategia de defensa de la autoridades tradicionales el momento en que una empresa canadiense como Cosigo llega a hacer extracción de oro en su territorio sagrado, ancestral, que ya era resguardo y que era impensable volverlo una mina a cielo abierto. Las autoridades hacen uso de su proceso ancestral de ordenamiento territorial, de toma de decisiones, de gobierno tradicional, pero también de gobierno nacional, y deciden hacer un parque nacional y ahí hay un ejemplo de un diálogo muy interesante entre el gobierno por el lado de Parques Nacionales y entre gobiernos indígenas como entidad territorial en camino. Y ahí se hizo un régimen especial en donde se tienen en cuenta conocimientos tradicionales del territorio y las disposiciones para generar un parque. El caso de Cosigo ha sido una puerta de entrada para entender la importancia que tienen estos pueblos locales en la toma de decisiones y que esto puede ser un ejemplo para otras comunidades como las afrocolombianas”.

    Y tras conocer casos como este, ¿qué lineamiento debería seguir el país para no solo evitar los conflictos sino para lograr que no se violen los Derechos Humanos de cara al gobierno Petro? Gómez cree que “la diversidad, finalmente, se dice que va a hacer parte de la agenda, que la protección territorial debe ir de la mano de la protección de quienes la han habitado, que el gobierno está dispuesto a hacer las adecuaciones institucionales para poder reconocer estos gobiernos (indígenas) y que los conocimientos tradicionales deben estar involucrados en los planes para la protección de los derechos humanos frente a empresas”. Recalcó, justo ahora, que “es importante entender que el desarrollo de las empresas después de la pandemia es muy importante, pero eso no puede ir en detrimento tampoco de la protección de los derechos de los cuidadores o de los administradores de estos territorios”, y que debe ser “una prioridad garantizar sus derechos y sus vidas”.

    Desde la representatividad de la sociedad civil, Laura Montaño, investigadora de la Asociación Ambiente y Sociedad, se recordó que en el Foro de Derechos Humanos “se trató el tema del tratado vinculante sobre empresas y derechos humanos”, y explicó que esa es “la línea fuerte apoyada por sociedad civil nacional a internacional en varias ocasiones”, pero criticó el accionar de Colombia porque “como Estado no tiene una participación muy activa, digamos que no hace parte de una agenda internacional desde la Cancillería, por ejemplo”, cuando, aclaró Montaño, “es una línea con potencial grande de fortalecerse, se está dejando de lado o no ha tenido un foco muy grande”.

    La investigadora, quien hace parte un equipo que viaja constantemente a terreno para verificar la situación de las comunidades, también recalcó que “sobre los Planes Nacional de Acción, que ya existen, en este gobierno se tiene una postura de reactivación empresarial y en el pasado, en el gobierno Santos, también una postura altamente empresarial y baja en derechos humanos, era muy desde la actividad puntual de la empresa”. Por eso recalcó la necesidad de elevar la discusión, porque “esta ha sido una política con muy baja participación de la sociedad civil, no ha tenido en cuenta toda esta diversidad (de pueblos y culturas) de la que estamos hablando y no tiene una estructuración como política pública en sí, no se ha evaluado su eficacia en implementación, no cuentan con indicadores reales ni con acciones ni metas anuales a las cuales llegar, y son planes que duran de dos a tres años antes de que se renuevan”.

    Un llamado de atención que se suma es que, explicaron los invitados a esta charla, es que todos estos planes son “voluntarios”. Eso quiere decir que esa regulación se ha mantenido siempre desde el estándar voluntario y lo único que suena alrededor como algo vinculante es el tratado. Y que, en línea con tendencias internacionales, se contemplen “las leyes de debida diligencia empresarial”. Por eso es que “una de las principales apuestas desde sociedad civil es trasladar estas leyes a un contexto vinculante, porque ya lo voluntario, que ha existido desde hace 10 años, se ha mostrado ineficiente, ayuda a elevar el debate, pero no a prevenir la violación de los derechos humanos”.

    Entonces, ¿qué debería hacer el país en estos momentos de cambio, que fue la promesa por la que ganó el nuevo presidente de Colombia? Montaño lo resume así: “Lo primero sería una diversidad de posibilidades como la ratificación del acuerdo de Escazú, la participación activa frente al tratado vinculante de empresas y derechos humanos, una política pública real y consolidada del Plan Nacional de Acción; una ley de debida diligencia con enfoque en la responsabilidad corporativa para garantizar resultados reales en este tipo de leyes y una autonomía en las evaluaciones, intentar separar la valuación del impacto social, ambiental, etc, de la misma actividad empresarial, y empezar a buscar terceros, donde entra muy fuerte el rol de la academia, que puedan evaluar de manera más objetiva este tipo de conflictos o dinámicas alrededor de la actividad empresarial para evitar la mayor cantidad de conflictos en torno a industrias con alta conflictividad”.

    Y desde la legislación, ¿cuál es la mirada? El senador Juan Carlos Lozada, teniendo en cuenta los anuncios que ha hecho el gobierno entrante, dice que “el tema de los baldíos en Colombia es una fuente de violación de Derechos Humanos enorme, de desplazamiento, de asesinatos, de acaparamiento de tierra; el tema del ordenamiento territorial es por donde arrancaría y por la reforma agraria, que tenga que frenar la expansión de la frontera agrícola y por lo tanto defender ecosistemas y al mismo tiempo ser justa con las comunidades. Volver productiva la tierra que hoy existe como lo planteó la ministra López: 42 millones de hectáreas de hato ganadero en Colombia para tener una vaca por cada cinco hectáreas es inefable, inexplicable, injustificable, ese montón de tierra productiva tiene que servir para solucionar conflictos socioambientales. Si la agenda legislativo tuviera que arrancar por algún lado, debería ser por cumplir el punto 1 del Acuerdo de La Habana, por hacer una reforma rural, ordenar el territorio, que es la mayor fuente de conflictos socioambientales en Colombia”.

    Lozada recordó que “Colombia, desde el gobierno de Juan Manuel Santos, ha hecho un esfuerzo por tener una política pública que regule a las empresas en temas de derechos humanos, el enfoque ha sido siempre beneficioso para las empresas porque proponen de alguna manera acelerar el proceso industrial y no tanto en ser garantistas con los derechos de las comunidades y de los colombianos, y eso ha redundado en que Colombia sea uno de los países con mayor número de conflictos socioambientales del planeta entero. Cuando uno ve lo que ha pasado en La Guajira, la catástrofe que ha tenido que vivir el pueblo Wayuú, o cuando uno ve los asesinatos asociados a la defensa de la tierra y del medio ambiente y ver que Colombia es el primer país donde más matan a líderes y lideresas defensoras de la tierra según las cifras de Global Witness, y uno ve que esa concentración en este país está dado en zonas donde los conflictos ambientales derivan en asesinatos, como en el Cauca, en Catatumbo, en la región Amazónica, al Meta, Guaviare, Guainía, Caquetá, el norte del parque Chiribiquete, uno ve que en este país tiene que haber una mayor regulación en lo que tiene que ver con los Derechos Humanos y las empresas en el país”.

    La Consejería de DDHH y Asuntos Internacionales por medio de su consejero, Jefferson Mena Sánchez, aseguró el pasado 8 de junio de 2022 que desde el área de “empresa y Derechos Humanos nos hemos reunido con gremios y empresas reforzando la conducta mpresarial responsable, capacitando y asistiendo técnicamente a gobernaciones, cámaras de comercio y creando estrategias para promover una agenda de empresas y derechos humanos desde el territorio con los diferentes actores”. Y advirtió que han recorrido “más de 13 departamentos, más de 26 municipios auticulándonos con gobernadores y alcaldes siempre buscando el bienestar de la población”. Recordó, en un video de corte de cuentas, que Colombia fue escogido como sede del Foro egional sobre empresas y Derechos Humanos para América Latina y el Caribe gracias al liderazgo de las políticas adoptadas. Colombia se ha convertido en un referente importante a nivel internacional en este tema que cada vez cobra mayor importancia”. Y, además, recalcó: “Por primera vez Colombia hace parte del Comité directivo de los principios voluntarios, una instancia que cada vez toma mayor importancia a nivel internacional garantizando así que todas las empresas que lleguen a este país, lleguen garantizando y respetando el respeto por los Derechos Humanos para la comunidad, pero también para las personas que allí laboren, un paso importante en garantía de derechos para nuestro país”.

    Precisamente el hoy presidente electo, Gustavo Petro, se había referido en términos generales a la protección de los derechos humanos y el pasado 21 de julio de 2021 escribió en su cuenta de Twitter: “Derechos humanos significa dignidad humana. Es el resultado máximo de la civilización. Cuando un gobierno viola los derechos humanos se coloca al nivel de la barbarie, rompe la esencia de la humanidad Nos comprometemos con el respeto a fondo de la dignidad humana en Colombia”. Así que, con el compromiso claro de quien liderará al país desde la Casa de Nariño, se esperan cambios en los próximos cuatro años en Colombia, con hoja de ruta que la sociedad civil puede seguir y que más que promesas, se pase a los hechos, pues se trata de la protección, en el estado más claro, de la vida de las personas.

    *Este texto hace parte de una alianza editorial desarrollada entre Ambiente y Sociedad y El Espectador.

  • Aumenta la deforestación en resguardos indígenas y Parques Naturales

    Aumenta la deforestación en resguardos indígenas y Parques Naturales

    • En 2021 se talaron 174.103 hectáreas de bosque en Colombia, un 1,5% más que el año anterior 
    • Según la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), la Amazonía colombiana perdió 113.572 ha desde abril de 2021 a marzo de 2022

    Por Karen Pinto Garzón

    La meta de deforestación cero para 2030 prometida por el actual Gobierno parece cada vez más difícil de alcanzar. Según el Ministerio de Ambiente, en 2021 se perdieron 174.103 hectáreas (ha) de bosque a nivel nacional, lo que significó un incremento del 1,5% en comparación con el año 2020. Mientras que la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) reportó un aumento de la deforestación en resguardos indígenas y Parques Nacionales Naturales

    A pesar de los resultados negativos, el Ministerio adjudica como un logro del Gobierno las cifras obtenidas en los últimos cuatro años, argumentando que el presidente Iván Duque “cierra su gestión quebrando la curva ascendente de la deforestación en Colombia, que había logrado su pico más reciente en el año 2017 con 219.552 ha deforestadas y alcanzado una reducción acumulada de 45.449 ha”. Sin embargo, en los dos últimos años se ha presentado un crecimiento consecutivo de este fenómeno: en 2020 se registró un 8% más de tala y quema de bosques que en 2019. 

    En el estudio Seguimiento de la pérdida de bosques y cambio de cobertura en el arco de deforestación en la Amazonía colombiana de la FCDS, publicado la semana anterior, se indica que la Amazonía perdió 113.572 ha entre abril de 2021 a marzo de 2022, después de analizar un área de 14.745.785 ha, comprendida por algunos municipios de los departamentos del Guaviare, Caquetá, Meta, Puerto Leguízamo, y Putumayo. 

    Otros resultados revelan que en los 55 resguardos indígenas, ubicados dentro del área de estudio, se arrasó con 9.120 ha, concentradas un 60% en el resguardo Llanos del Yarí – Yaguara II (5.517 ha), seguido por un 20% en el resguardo indígena Nukak – Makú (1.813 ha).

    La degradación de bosques en los resguardos indígenas es una de las actividades que más preocupa a los expertos debido a las consecuencias socioambientales negativas que se generan, así como la alteración de las actividades de subsistencia de las comunidades, el desplazamiento forzado de los habitantes o el incremento de conflictos por la invasión de actores externos, así como los grupos ilegales, lo que ocasiona nuevos ciclos de violencia rural. 

    Otra de las preocupaciones es el aumento de la deforestación en áreas protegidas, según el análisis de la FCDS, en los Parques Naturales del área de estudio analizada se concentró el 14% desde abril de 2021 a marzo de 2022. El más afectado es el Parque Nacional Natural Tinigua, en el municipio de La Macarena, donde se duplicó la pérdida de hectáreas, pasando de 4000 ha a 8216. 

    También se realizó el monitoreo del Parque Nacional Natural Sierra de la Macarena, el Parque Nacional Natural Cordillera de los Picachos, la Reserva Nacional Natural Nukak, el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete y el Parque Nacional Natural La Paya. Y en el caso del Parque Nacional Chiribiquete hubo un aumento del 13% de 2020 a 2021, como se indica en el informe del Ministerio.

    Las principales causas de la deforestación en el país son el acaparamiento de tierras, la ganadería extensiva, los cultivos de uso ilícito, la ampliación de la infraestructura vial, la extracción ilícita de minerales, la tala ilegal y la ampliación de la frontera agrícola en áreas no permitidas. La FCDS menciona las mismas causas para la pérdida de bosques amazónicos, pero añade la agroindustria, los pastizales, y la extracción de madera y minería.

    Para contener la deforestación, según expertos de la ONG Ambiente y Sociedad, es necesario poner en rigor el Acuerdo de Paz para lograr un desescalamiento del conflicto armado y detener el engrosamiento de la frontera agrícola. Y aconseja además la implementación de una efectiva seguridad jurídica para las comunidades rurales, para que se les permita ejercer acciones de conservación y determinar de forma autónoma el ordenamiento y la gestión territorial.

  • La preocupante tendencia de los Bancos Multilaterales de Desarrollo a desfinanciar proyectos que causan daños socioambientales sin una adecuada reparación de daños

    La preocupante tendencia de los Bancos Multilaterales de Desarrollo a desfinanciar proyectos que causan daños socioambientales sin una adecuada reparación de daños

    Por: Karen Pinto Garzón

    La desfinanciación y el abandono de proyectos que generan conflictos socioambientales por parte de los Bancos Multilaterales de Desarrollo (BMD), sin antes haber brindado una adecuada reparación de los daños a las comunidades y sus territorios, es una tendencia en aumento que preocupa en América Latina. Este fue el principal tema de debate en el panel “El rol de los brazos privados de Bancos Multilaterales de Desarrollo”, realizado el 14 de julio en Bogotá en el VII Foro regional de Naciones Unidas sobre empresas y derechos humanos.

    El panel fue moderado por David Cruz, investigador de la ONG Ambiente y Sociedad, quien explica que “muchas veces los proyectos financiados por los BMD generan impactos ambientales y territoriales negativos, y la vulneración de los derechos de las comunidades indígenas, afrodescendientes, palenqueras y campesinas”; y, cuando existen denuncias o movimientos sociales, esas entidades deciden “retirar sus inversiones o cerrar los proyectos sin tomar medidas específicas frente a esos impactos”, añadiendo que este es un accionar que se presenta en diferentes países de la región.

    Un ejemplo de esta enorme problemática es el que viven los indígenas maya –Chuj, Q’anjob’al, Akateko y Mam- de la microrregión de Yichk´isis (Ixquisis, en castellano), ubicada al norte de Guatemala, en la frontera con México. Rigoberto Juárez, coordinador del Gobierno Ancestral Plurinacional (GAP) y expositor del mismo panel, dice que las comunidades de esa zona han enfrentado durante los últimos años impactos ambientales adversos y la violación a sus derechos debido a la construcción de las hidroeléctricas San Mateo y San Andrés, financiadas por el BID Invest, el brazo privado del Banco Interamericano de Desarrollo.

    La construcción de las dos plantas hidroeléctricas, que empezó en el año 2013, se paralizó luego de que el BID retirase su financiación de 13 millones de dólares por las denuncias de las comunidades sobre los impactos negativos socioambientales. La decisión de la entidad, que anunció “una salida responsable”, se dio a finales de 2021, después de que en septiembre de ese año el Mecanismo Independiente de Consulta e Investigación (MICI), perteneciente al Grupo BID, publicara un informe en el que se señalan inconsistencias sobre el territorio y los derechos de los habitantes, debido al incumplimiento de sus políticas operativas y salvaguardas.

    “Acudimos a mecanismos nacionales para que investigaran las grandes violaciones que se hicieron en nuestros territorios, pero nunca pasó nada. Entonces, tuvimos que acudir a los mecanismos propios del BID, en este caso el MICI, y les demostramos que violentaron los derechos de los pueblos indígenas, no nos consultaron, destruyeron el medio ambiente. Y el banco se dio cuenta mediante el informe del MICI de que efectivamente incumplieron sus propias normas”, indica Juárez, quien además dice que siguen esperando una adecuada reparación de los daños.

    Según Cruz, el experto de Ambiente y Sociedad, es necesario que los BMD asuman sus responsabilidades sobre los daños causados por los proyectos, porque son los que posibilitan su realización. Sin embargo, no sólo responsabiliza a los BMD, sino que menciona que incluso antes de ejecutar las iniciativas, tanto esas entidades, como las empresas y las instituciones públicas que piden las subvenciones, deben salvaguardar los derechos.

    En el informe de la ONU “Remedy in Development Finance”, publicado en febrero de este año, se señala que a muchas comunidades y personas afectadas por los proyectos de desarrollo, respaldados por las Instituciones financieras de desarrollo (IFD) bilaterales y multilaterales, no les proporcionan acceso a reparaciones por los daños que han sufrido. Por lo que, las IFD deberían garantizar que los proyectos que financian no ocasionen daños a las comunidades y asegurar medidas de reparación para todas las víctimas.

    En la publicación de la ONU se indica asimismo que la falta de una adecuada planificación de los proyectos, así como el escaso acceso a fuentes de información, la falta de una consulta adecuada, y la falta de garantías de las comunidades son unos de los mayores promotores de conflictos sociales en América Latina y el Caribe. Pese a que una de las obligaciones de las IFD es  proporcionar el acceso a la información durante toda la cadena de ejecución de los proyectos que apoyan.

    Además, Cruz resalta la importancia de que en espacios como el VII Foro regional de Naciones Unidas sobre empresas y derechos humanos -que se ha posicionado en los últimos años como el más importante sobre esta temática en la región- se escuche a los directamente afectados, así como al líder Rigoberto Juárez, que habló del caso Ixquisis en el panel sobre el rol de los brazos privados de los BMD.

    En dicho espacio también participaron las expertas ​​Mara Bocaletti, directora ejecutiva de la Plataforma Internacional contra la Impunidad; Carolina Juaneda, gerenta del Programa para América Latina del Bank Information Center, y María Camila Barriga, representante del Compliance Advisor Ombudsman.

    Para Juaneda, el de Ixquisis es “un caso sin precedentes en la región” porque “la recomendación 29 del informe de verificación del MICI sienta un antecedente enorme para la salida responsable y el acceso a remedio en el marco de los financiamientos de los BMD”, no obstante enfatiza que, “ahora el gran desafío está en la implementación”.

    La paralización de las hidroeléctricas, como varias fuentes reconocen, fue un logro de las comunidades maya de Ixquisis. A través de su lucha de varios años, desde que se negó la existencia de pueblos indígenas y se empezaron los proyectos sin consultar, consiguieron la desinversión del gigante financiero.

     

  • Convocatoria de la sociedad civil colombiana al foro alternativo: ‘Abusos de poder empresarial: la otra cara de la rendición de cuentas sobre empresas y derechos humanos’

    Convocatoria de la sociedad civil colombiana al foro alternativo: ‘Abusos de poder empresarial: la otra cara de la rendición de cuentas sobre empresas y derechos humanos’

    Las organizaciones de la Mesa de la sociedad civil sobre empresas y Derechos Humanos de Colombia convocamos al Foro ‘Abusos de poder empresarial: la otra cara de la rendición de cuentas sobre empresas y derechos humanos’, como escenario alternativo aI VII Foro Regional sobre Empresas y Derechos Humanos para América Latina y el Caribe. Este último se realizará en Bogotá D.C., bajo el liderazgo del Gobierno de Iván Duque, del 12 al 15 de julio de 2022 y es organizado por el Grupo de Trabajo sobre Empresas y Derechos Humanos.

    En los últimos diez años el Foro Regional sobre Empresas y Derechos Humanos se ha se ha presentado como el “evento más relevante” para discutir sobre la situación de los derechos humanos en América Latina y el Caribe y su relación con la actividad empresarial. No obstante, desde la sociedad civil consideramos que esta convocatoria oficial es insuficiente y su alcance limitado por las siguientes razones:

    1. Por décadas, un significativo conjunto de organizaciones de diversos sectores de la sociedad civil hemos denunciado a nivel nacional e internacional las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por grandes corporaciones trasnacionales. Después de más de diez años, aún no existen mecanismos legales y obligatorios para que las empresas respeten los derechos humanos y el ambiente. Tampoco ha habido avances en la investigación, sanción y reparación de los daños sufridos. Por el contrario, al amparo del discurso que convierte a los derechos humanos en buenas prácticas de responsabilidad social empresarial, el gran capital privado cada vez tiene más poder social, político y económico, y sigue operando en el marco de altos niveles de impunidad.
    2. En Colombia seguimos viviendo una situación crítica de derechos humanos y, a pesar de esto, el Gobierno saliente insiste en proyectar una imagen de garante y promotor de estos derechos. Por esa razón, denunciamos la falta de transparencia y coherencia en el interés de Iván Duque para que Colombia sea la sede del VII Foro Regional sobre Empresas y Derechos Humanos, máxime cuando se trata de un Gobierno que ha sido fuertemente cuestionado por organismos nacionales e internaciones en materia de protección de derechos humanos.
    3. La Ley de justicia y paz (2005), la política de restitución de tierras y derechos territoriales (2011) y el Sistema de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, creado con el Acuerdo de Paz (2016), han coincidido en evidenciar la participación directa e indirecta de los actores empresariales en asesinatos, torturas, desapariciones forzadas, desplazamientos y otros graves crímenes de guerra y de lesa humanidad. No obstante, ninguno de los sistemas de justicia transicional tiene potestad para juzgar e investigar a estos actores, y en la justicia ordinaria tampoco avanzan las investigaciones.
    4. Aunque el VII Foro Regional convoca a discutir sobre la rendición de cuentas como mecanismo para una conducta empresarial responsable, las políticas impulsadas durante el Gobierno Duque y el papel que han jugado las empresas y los gremios económicos en las decisiones gubernamentales dan cuenta de la interferencia en políticas públicas que impactan los derechos humanos, el ambiente y nuestra salud, hasta llegar a un escenario de captura corporativa del Estado.
    5. Desde 2016 y especialmente a partir de 2019, Colombia es el país con más asesinatos a lideresas y líderes sociales y ambientales en el mundo. De enero a septiembre de 2021 se documentaron 139 asesinatos, de acuerdo con el Programa Somos Defensores.
    6. Gran parte de las y los líderes sociales asesinados en la región de América Latina se han movilizado en torno a una agenda de protección de la Amazonía, la protección de la diversidad biocultural y la lucha contra el cambio climático. Durante años han denunciado crímenes ambientales y violaciones a los derechos humanos causadas por la imposición de un modelo de desarrollo que afecta gravemente sus territorios, sin embargo, la Amazonia continúa siendo invisibilizada en los espacios regionales, desconociendo los impactos empresariales en su detrimento.
    1. El sector empresarial colombiano ejerce presión constante para disminuir los estándares de las licencias ambientales, la consulta previa y las consultas populares, especialmente en lo relacionado con la participación democrática de la ciudadanía. Con la excusa de agilizar “los trámites”, han apoyado abiertamente las Licencias Ambientales Express, las Consultas Previas Virtuales y la no ratificación del Acuerdo de Escazú. Además, hacen lobby para que los proyectos legislativos que afectan sus intereses no sean aprobados o se tergiversen en favor de sus ganancias.
    2. Durante la pandemia de covid 19 y las cuarentenas de 2020, especialmente, las grandes empresas en complicidad con el Gobierno nacional utilizaron abusivamente el Estado de Emergencia para justificar violaciones masivas de los derechos laborales y sindicales, que incrementaron el desempleo y la precarización del trabajo, sobre todo para las mujeres a quienes correspondió dos de cada tres empleos perdidos según el DANE.
    3. Durante los paros nacionales, fue recurrente la criminalización de la protesta y la movilización social por parte de voceros de distintos gremios y empresas. Se denunciaron suspensiones de contratos a quienes apoyaron el paro nacional, cortes en los servicios de internet y comunicaciones durante las jornadas de manifestación, así como la utilización de instalaciones de empresas como apoyo a agentes de la fuerza pública involucrados en torturas y detenciones ilegales o arbitrarias.

    Por todo lo anterior, las organizaciones firmantes exigimos:

    Primero, que haya justicia y se reconozca la responsabilidad de las empresas transnacionales en las violaciones de derechos humanos.

    Segundo, acabar con la impunidad corporativa, ya que es indispensable para avanzar en la garantía de los derechos humanos.

    Tercero, la adopción e implementación de mecanismos legales y obligatorios que permitan que las empresas transnacionales respondan por las violaciones de derechos humanos. La concertación de estos mecanismos debe tener una amplia participación de los países del sur global y debe contar con las voces de quienes han sido víctimas del accionar empresarial.

    Así mismo, convocamos a la más amplia participación en el Foro alternativo ‘Abusos de poder empresarial: la otra cara de la rendición de cuentas sobre empresas y derechos humanos’, el 14 y 15 de julio en el CINEP (Cra. 5 #33B-02) de Bogotá, Colombia, en el que discutiremos sobre la captura corporativa en los distintos escenarios de decisión y regulación, la problemática de tierras y la situación de la Amazonía de nuestro continente.

    Llamamos a los gobiernos de América Latina a escuchar y acoger las denuncias, exigencias y propuestas de la sociedad civil para elevar los estándares de justicia ante las graves violaciones de derechos humanos por parte de actores empresariales, así como avanzar en políticas públicas que garanticen una real responsabilidad de las empresas, evitar que estas participen en condiciones de asimetría de poder y realicen lobby indebido en los escenarios en los que se discute su regulación.

    Bogotá, 11 de julio de 2022

    FIRMAN:

    Mesa de organizaciones de la sociedad civil sobre empresas y derechos humanos de Colombia.

    [gview file="https://nuevo.ambienteysociedad.org.co/wp-content/uploads/2022/07/Comunicado-EDH-Version-Final.pdf%22]

  • Existen barreras para hacer veeduría a la implementación de obras PDET

    Existen barreras para hacer veeduría a la implementación de obras PDET

    Primera Publicación: Blogs El Espectador

    Por: Karla Díaz

    Hacer seguimiento y veeduría a la implementación de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) no es tarea fácil. Si bien la participación en los PDET fue concebida por el Acuerdo de Paz como una participación activa en todo el ciclo del mecanismo (formulación, ejecución, seguimiento y control), existen importantes barreras para el involucramiento ciudadano en su desarrollo. Las principales razones son la dispersión de las fuentes de información, la falta de transparencia en la información disponible y la dificultad para acceder a cierta documentación, como la de las obras por impuestos.

    De manera que el desconocimiento de las comunidades sobre la financiación, los contratos, montos y obligaciones de las obras a implementar como los PDET, debido a la falta de acceso a la información, impide apreciar su real ejecución y elimina la posibilidad de hacer efectiva su participación en el control y veeduría a este mecanismo.

    El Plan Marco de Implementación (PMI), en el Documento CONPES 3932, establece las siguientes fuentes de financiación de los PDET: recursos provenientes del Presupuesto General de la Nación (PGN), Cooperación Internacional, recursos del Sistema General de Regalías (SGR), recursos propios de entidades territoriales y recursos del Sistema General de Participaciones (SGP). Pero, ¿cómo se transfieren estos recursos a la implementación de los PDET?, a través de las siguientes categorías:

    Obras PDET

    Si bien, la ART cuenta con una plataforma virtual que menciona el número total de obras, la inversión, las familias beneficiadas, el nombre del proyecto y el implementador, esta plataforma no permite hacer un monitoreo y una veeduría, pues no brinda información sobre los costos de la obra, los detalles del proceso de contratación, el estado de avance y la categoría específica de financiación.

    Dentro de esta clasificación hacen parte el Plan 50/51 de mejoramiento de vías terciarias, Pequeña Infraestructura Comunitaria (PIC), las Obras Pdet fase I, II y III, Obras PDET Cooperación. Adicionalmente, la ART implementa la iniciativa de proyectos productivos ART, de la que hacen parte proyectos de intervención territorial – DEAP, proyectos FAO, proyectos MADR y proyectos UNODC.

    La información de estos proyectos se encuentra dispersa y gran parte de ella no es pública. La Asociación Ambiente y Sociedad (AAS) hizo la tarea de elevar derechos de petición para obtener información sobre los proyectos, a lo que la ART dio respuestas parciales y, en algunos casos, no respondió. A esto se suma que la información disponible en la página de la ART no es útil para hacer un control social y fiscal, porque solo se enuncian las obras implementadas a modo de publicidad: tipo de obra e inversión.

    Obras implementadas mediante el Sistema General de Participaciones

    Para los casos del Caquetá y el municipio de Algeciras, Huila, los costos estimados para la implementación del Plan de Acción para la Transformación Regional (PATR) se encuentran en 6.024.717 millones de pesos, de los cuales se espera que el SGP financie el 55,5%. En el caso del PDET Putumayo, los costos ascienden a 4.444.481 millones de pesos, de los cuales se espera que el SGP financie el 57,9%.

    Ahora, ¿cómo hacer seguimiento a los recursos del SGP?, la trazabilidad de los recursos del Sistema es muy limitada, pues depende de que los entes territoriales asuman las iniciativas de los PDET en los planes de desarrollo e implementen proyectos con este enfoque.

    En este momento, no existe una plataforma o mecanismo de verificación que permita hacer seguimiento a las apropiaciones anuales de las entidades territoriales, validar que efectivamente lo que se afirma se invierte en iniciativas de los PDET, y se hagan con el enfoque que define el Acuerdo de Paz, los PATR y las comunidades. Lo mismo sucede en el caso de la financiación de iniciativas de los PDET con recursos propios de las entidades territoriales.

    Sistema General de Regalías – OCAD-PAZ

    El Sistema General de Regalías está compuesto por recursos derivados de la explotación de recursos naturales no renovables. Para el bienio 2021-2022 se estiman unos ingresos del Sistema de 5.4 billones de pesos. La distribución de los recursos se divide en los recursos de inversión, ahorro y administración. Entre los de inversión se encuentra el rubro de “asignación para la paz” que, de acuerdo el Acto Legislativo 05/2019 y Ley 2056/2020, corresponde el 7% de la distribución total.

    En un caso analizado en Puerto Guzmán, se encontró una obra de interconexión con sistemas de paneles solares por un valor de $49.483.580.913 que, según el Plan de Acción para la Transformación Municipal (PATM), correspondería a la iniciativa 1186571179674. Sobre esta obra, las comunidades tenían muchas incertidumbres, pues hasta que se realizó la indagación con la Asociación Ambiente y Sociedad, no conocían el monto del proyecto, el contratista implementador, las obligaciones del contratista, ni demás términos de la contratación. Adicionalmente, el proyecto se presentaba a la comunidad como un logro político de unos sectores y no como parte de la implementación de los PDET. Esto generó desconfianza entre las comunidades y el implementador.

    Obras por impuestos

    Finalmente, el mecanismo de obras por impuestos fue creado por la Ley 1819 de 2016 como una modalidad de pago de hasta el 50% de impuesto de renta, por medio de obras públicas, y puede ser implementado por empresas con ingresos superiores a 33.610 unidades de valor tributario, es decir, alrededor de 1.220 millones de pesos en las Zonas Más Afectadas por el Conflicto (ZOMAC), entre las que se encuentran los territorios PDET.

    Inicialmente, las empresas petroleras y mineras fueron excluidas del mecanismo; sin embargo, mediante el Decreto 883 del 2017 se incluye este sector entre las empresas que pueden acceder al mecanismo. Las empresas interesadas en financiar obras, pueden seleccionar un proyecto presentado por alguna entidad territorial, que se encuentra en el banco de proyectos de la ART, o presentar una propuesta de inversión, en el marco de alguna iniciativa de los PDET.

    Con respecto a la información en detalle de cada proceso, la ART aduce que no cuenta con información a nivel de proyecto, en la medida en que “el contribuyente asume la realización de la obra en forma directa, por lo cual la referida disposición legal prevé que los contribuyentes podrán celebrar con terceros los contratos necesarios para la preparación, planeación y ejecución del proyecto y la construcción de la obra, de acuerdo con la legislación privada, en consecuencia, y en la medida en que la ejecución de estos proyectos no se lleva a cabo siguiendo las reglas del Estatuto de Contratación Estatal, por lo mismo, no existe información relacionada con los registros en SECOP”.

    En definitiva, a partir de una mirada a las diferentes fuentes de financiación es posible afirmar que no existen garantías para la vigilancia y veeduría sobre los recursos PDET, lo que puede derivar en casos de corrupción como los ya expuestos por otras investigaciones. La opacidad en la información y las barreras para el acceso a la información plantean la necesidad de un cambio en la metodología de implementación de estos planes pues, si bien tienen un fin legítimo, no alcanzarán los objetivos deseados de quienes han sufrido la guerra de forma más directa.

    En artículos previos se muestra cómo la metodología de la Hoja de Ruta Única (HDRU) desconoce la visión de desarrollo construida por las comunidades en la fase de formulación y desarticula la implementación de los demás componentes de la Reforma Rural (vea el primer artículo aquí). Y se demuestra que el diseño metodológico, construido por la Agencia de Renovación del Territorio (ART) para la implementación de los PDET, como un simulacro de participación, ya que busca que las comunidades no tengan una participación decisiva en el proceso de ejecución.

    Este es el último artículo de una serie que presenta argumentos sobre la tergiversación que han sufrido los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) en su proceso de desarrollo, cuyo análisis completo se encuentra en el documento “Que pasó con los PDET: Balance de su implementación en el Caquetá y Putumayo”.

  • La falsa participación en el PDET Putumayo

    La falsa participación en el PDET Putumayo

    Primera publicación: Blogs El Espectador 

    Por: Karla Díaz

    El diseño metodológico construido por la Agencia de Renovación del Territorio (ART), con el objetivo de implementar los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), se puede catalogar como un simulacro de participación de las comunidades afectadas por el conflicto armado. Su objetivo no radica en la inclusión de la participación ciudadana durante su desarrollo, sino que, por lo contrario, se perfila como un instrumento para la validación de decisiones previamente tomadas.

    De acuerdo con dicho modelo metodológico, denominado Hoja de Ruta (HDR), la participación ciudadana se desarrolla en la etapa de validación territorial con los siguientes objetivos: i) dar a conocer el proceso, propósito y la participación de los actores estratégicos, ii) presentar la información de los componentes de la Hoja de Ruta, iii) retroalimentar la información, iv) socializar la utilidad de la HDR y v) incentivar la apropiación del instrumento.

    Como se aprecia en los verbos utilizados, la participación de las comunidades se reduce a escuchar y dar información para retroalimentar la HDR. En efecto, los consultores, según un documento de 2019 de la ART, reconocen que “la aplicación del MCDA-PDET (Hoja de Ruta) puede enfrentarse a ciertas rigideces institucionales, a riesgos jurídicos o de legitimidad en la comunidad que pueden poner en riesgo el proceso de ordenamiento de iniciativas o incluso el desarrollo de la Hoja de Ruta en la subregión”. Además, afirman que la ausencia de participación en la construcción del escenario meta puede conducir a que “la priorización de iniciativas se aleje de la visión de desarrollo territorial por parte de las comunidades.

    De acuerdo con una clasificación de espacios de participación, recogiendo los análisis de Fung de 2003, Lora, Muñoz y Rodríguez de 2008 y Arnstein de 1967, se podrían categorizar cinco tipos de espacios de interlocución que persiguen cuatro modelos de participación:

    Tabla 1. Tipos de espacios de participación

    Al contrastar estas categorías con los objetivos de la etapa de validación, enunciada al inicio de este texto, es posible observar que la ciudadanía no es llamada a opinar sobre la metodología de la Hoja de Ruta en sí, . Como apuntaba Arnstein en 1969, la participación en un marco reducido se entiende como participación manipulada.

    En este caso se confirma lo descrito en la tabla anterior: “La información sobre el diseño metodológico y sus resultados no es pública o es de difícil acceso”. A esto se suma que se presenta a los grupos motor como  muestra de la participación ciudadana en la toma de decisiones, pero esta supuesta participación se da sin información clara, previa y completa sobre la decisión a tomar y limita la retroalimentación de la estrategia (participación decorativa, según Arnstein).

    Lo anterior corresponde a la categoría de información unidireccional parcial “La ciudadanía no conoce todos los elementos del diseño metodológico, sino tan solo aquellos que la autoridad desea darle a conocer”.

    En ese sentido, la participación -entendida por el Acuerdo Final de Paz como el involucramiento efectivo de las comunidades en la formulación, ejecución, seguimiento y control de los PDET- se ve reducida a espacios de validación, confirmando lo planteado por el Centro de Pensamiento y Diálogo Político en 2021: “Pese a la gran importancia que los PDET tienen para la construcción de la paz, en el proceso surtido tanto por el diseño metodológico como en la elaboración de las hojas de ruta se advierten inconsistencias y distorsiones que introducen —en los niveles técnico y político— grados de incertidumbre sobre el cumplimiento efectivo de lo acordado y permiten reafirmar que lo que se encuentra en curso es más bien una aparentemente sofisticada operación de simulación”.

    La participación entendida como validación de iniciativas se asemeja a la categoría de simulación participativa (en la medida en que permite ajustar algunas iniciativas), pero no se busca una participación real de la ciudadanía.

    Ya en un anterior artículo se evidencia cómo la metodología de  en la fase de elaboración del Plan de Acción para la Transformación Regional (PATR), y desarticula la implementación de los demás componentes de la Reforma Rural, especialmente de los mecanismos para el acceso a la tierra de campesinos y campesinas.

    Este es el segundo artículo de una serie que presenta argumentos sobre la tergiversación que han sufrido los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) en su proceso de desarrollo, cuyo análisis completo se encuentra en el documento “Que pasó con los PDET: Balance de su implementación en el Caquetá y Putumayo”.